Escalada de violencia en Ceuta
En los últimos dos días la ciudad autónoma de Ceuta ha sido escenario de una oleada de agresiones dirigidas contra personas migrantes y vecinos musulmanes. Manifestantes locales, organizados a través de grupos de WhatsApp, han incendiado parte de los asentamientos de la Playa del Trampolín, derribado tiendas de campaña y hostigado a periodistas que cubrían los hechos.
Acciones coordinadas y batidas
Los mensajes circulan en aplicaciones de mensajería instantánea con instrucciones para “cortar suministros” y “llegar hasta la muerte”. En varios barrios se han planificado batidas para expulsar a los recién llegados, utilizando la fuerza y la intimidación. Testigos describen cómo decenas de personas, armadas con piedras y objetos contundentes, persiguieron a los migrantes que cruzaron el Tarajal, obligándolos a huir de la zona costera.
Víctimas y testimonios
Entre los afectados se encuentran un vecino con la cara ensangrentada y varios puntos de sutura en la nariz, dueños de comercios que atienden a la población migrante y varias reporteras que fueron agredidas mientras documentaban la destrucción de los campamentos. Los contenedores incendiados y los restos carbonizados de las carpas son testimonio visual de la intensidad del ataque.
Respuesta institucional
El Gobierno central anunció una “vuelta a la normalidad” tras el regreso voluntario de la mayoría de los migrantes que habían cruzado la frontera a nado o a pie. Sin embargo, la presencia de más de 10.000 personas en la ciudad impidió una repatriación masiva. Las Fuerzas Armadas y la Policía Nacional fueron desplegadas para trasladar a los solicitantes de asilo y a menores a nuevos centros de acogida, aunque la instalación de estos albergues se retrasó hasta mediados de agosto.
Imposibilidad legal de la repatriación masiva
El ministro de Derechos Sociales, Ángel Víctor Torres, explicó en el Congreso que la legislación vigente no permite devolver a todos los migrantes de forma inmediata, especialmente a los menores y a quienes han solicitado asilo. La presión de la derecha nacional y del gobierno local para una expulsión total se ha encontrado con la realidad jurídica y con la falta de recursos logísticos.
Clima de odio y polarización
El discurso de odio se ha difundido como pólvora en redes sociales, alimentando la percepción de que la delincuencia está vinculada a la totalidad de la población migrante. Vecinos de barrios como Sidi Embarek, Príncipe Felipe y Hadú han creado “espacios seguros” para mujeres y niños, pero la sensación de inseguridad persiste.