El lenguaje como arma en la gestión migratoria
En los últimos días la capital española de Ceuta se ha convertido en el escenario de un intenso debate sobre la forma en que se nombra a quienes llegan a sus calles. Cada término empleado —invasores, magrebíes, subsaharianos, migrantes, personas migrantes o simplemente personas— lleva implícita una carga simbólica que moldea la percepción pública y, en consecuencia, las decisiones de los gobiernos.
De la etiqueta “invasor” a la de “persona”
Cuando los medios y los políticos optan por la palabra “invasores”, se evoca una imagen de amenaza, de agresión que justifica la aplicación de medidas coercitivas, incluso la violencia. En cambio, al referirse a “personas migrantes” o “personas”, se reconoce la individualidad y la dignidad inherente a todo ser humano, lo que abre la puerta a la exigencia de protección y asistencia.
El caso de los menores
El mismo fenómeno se repite con los niños y adolescentes. Llamarlos “menores no acompañados” los reduce a una categoría administrativa, despojándolos de su condición de menores vulnerables. Por el contrario, al nombrarlos “niñas, niños y adolescentes” se subraya su derecho a la atención especializada y a la salvaguardia de sus intereses superiores.
Consecuencias políticas de la deshumanización
La deshumanización no es solo una cuestión semántica; es una estrategia que facilita la adopción de políticas restrictivas. Cuando los migrantes son presentados como una masa amorfa o como “carne de cañón” de disputas geopolíticas, la sociedad se muestra más receptiva a propuestas de expulsión masiva o a la externalización de la responsabilidad a terceros países.
Una llamada a la rehumanización
Para contrarrestar este proceso, es imprescindible iniciar la lucha desde el lenguaje. Adoptar vocablos que reconozcan la humanidad de los desplazados, que los sitúen como sujetos de derechos y no como objetos de control, constituye el primer paso para revertir la tendencia hacia la exclusión.
En definitiva, la elección de las palabras no es un detalle menor; es el cimiento sobre el cual se construyen narrativas que pueden legitimar la violencia o, por el contrario, promover la solidaridad. Cambiar el discurso es, por tanto, una tarea urgente para quienes defienden la dignidad y la igualdad en el contexto migratorio europeo.
Source: https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/nombre-exacto-ceuta_129_13458292.html