Un órgano luminoso en la cabeza de los peces cebra
Los peces cebra, populares en laboratorios por su facilidad de cría, poseen una característica poco conocida: un dispositivo sensorial situado sobre el cerebro que percibe la luz. No se trata de un auténtico ojo extra, sino de una glándula pineal especializada que, a diferencia de la humana, no solo regula el sueño a través de la melatonina, sino que también funciona como un detector óptico bajo el agua.
¿Qué es el “tercer ojo” y cómo opera?
Esta glándula contiene una proteína denominada parapinopsina‑1, capaz de activar las neuronas cuando se expone a radiación ultravioleta y de silenciarse ante la luz visible. Gracias a esa dualidad, el animal interpreta la relación entre los dos tipos de radiación y, de forma automática, estima la distancia al nivel del agua. En aguas profundas el ultravioleta se atenúa rápidamente, mientras que la luz visible penetra más lejos; el pez detecta esa variación y ajusta su posición vertical para buscar alimento o eludir depredadores.
Experimentación con larvas transparentes
Un equipo de la Osaka Metropolitan University eligió larvas de pez cebra porque son prácticamente invisibles, lo que permite observar su cerebro sin necesidad de costosos microscopios de alta resolución. Mediante una técnica que hace que las neuronas emitan fluorescencia al activarse, los científicos siguieron en tiempo real la actividad de la parapinopsina. Los datos mostraron que la señal proveniente de la glándula pineal converge en una zona central del cerebro llamada tegmento, la misma área que recibe información de los ojos tradicionales.
Al eliminar el gen responsable de producir parapinopsina‑1, los peces dejaron de responder a los cambios de luz y perdieron su “medidor de profundidad” interno. Estas criaturas, aunque aún podían ver, ya no ajustaban su natación según la profundidad, demostrando la función crucial del órgano lumínico.
Implicaciones neurológicas y posibles aplicaciones
El descubrimiento revela que el tegmento actúa como un centro de integración multisensorial, fusionando datos visuales y pineales para dictar el movimiento vertical del animal. Además, la propia parapinopsina se perfila como una herramienta prometedora para la optogenética: al manipularla con luz, los investigadores podrían activar circuitos neuronales concretos y desentrañar el funcionamiento de otras regiones cerebrales.
Este hallazgo, publicado en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences, no solo amplía nuestro conocimiento sobre la biología de los peces cebra, sino que también abre la puerta a nuevas estrategias para controlar la actividad neural en modelos de investigación y, potencialmente, en terapias futuras.