El largo camino hacia la vida terrestre
Cuando pensamos en la biodiversidad de los bosques, los desiertos o las montañas, solemos dar por sentado que la vida en tierra siempre ha existido. La realidad es sorprendente: durante aproximadamente el 90 % de la historia del planeta, la superficie firme era inhóspita para cualquier organismo que quisiera abandonar el agua. Solo en los últimos cientos de millones de años los seres vivos pudieron colonizar los continentes, y este hecho depende de dos componentes clave: el oxígeno disuelto en la atmósfera y la formación de una capa protectora de ozono.
El papel esencial del oxígeno
Durante los primeros dos mil millones de años del planeta, la atmósfera estaba compuesta principalmente por gases como el dióxido de carbono, el metano y vapor de agua, con cantidades ínfimas de oxígeno libre. La aparición de oxígeno como elemento abundante no fue instantánea; ocurrió de forma paulatina gracias a las cianobacterias, microorganismos fotosintéticos que comenzaron a liberar este gas como subproducto de su metabolismo.
Sin embargo, el oxígeno recién generado no permanecía mucho tiempo en la atmósfera. Reaccionaba rápidamente con minerales ferrosos presentes en la corteza terrestre, oxidándolos y desapareciendo del aire. Este proceso de “tirón” continuó hasta que, tras varios ciclos de producción y consumo, los niveles de oxígeno alcanzaron una concentración suficiente para acumularse de forma estable.
Formación de la capa de ozono
Una vez que la atmósfera containó cantidades notables de oxígeno, la radiación ultravioleta del Sol empezó a romper moléculas de O₂, formando átomos de oxígeno que se recombinaban en ozono (O₃). Este ozono se acumuló en la estratosfera, creando una barrera que filtraba la radiación nociva y permitía que la superficie terrestre se volviera menos letal para los organismos.
Los estudios recientes indican que durante la mayor parte del eón Precámbrico el yodo presente en los océanos actuó como un agente destructor del ozono, ralentizando su consolidación. El efecto es comparable al de los compuestos CFC que, siglos después, deteriorarían la capa de ozono. Solo hace entre 500 y 600 millones de años la capa alcanzó una densidad que garantizaba una protección adecuada, abriendo la puerta a la vida fuera del medio acuático.
El salto de los peces a la tierra
Con la protección ozónica en su lugar, algunos grupos de vertebrados comenzaron a experimentar con la vida en ambientes terrestres. El registro fósil muestra criaturas transitorias como Tiktaalik, un organismo con aletas robustas y estructuras óseas que sugerían la capacidad de arrastrarse sobre la arena o los lodos de las riberas.
Estos pioneros desarrollaron adaptaciones vitales: respiración pulmonar, soporte estructural para soportar la gravedad y mecanismos para evitar la desecación. Cada paso representó una innovación evolutiva que, a su vez, abrió nuevas oportunidades ecológicas y favoreció la diversificación de especies.
En conclusión, el colonizar de la tierra no es el punto de partida de la vida, sino más bien el capítulo final de una larga saga que comenzó en los océanos primitivos. El oxígeno, liberado por diminutos organismos fotosintéticos, y el ozono, que protegió el planeta de la radiación solar, fueron los héroes invisibles que hicieron posible que los animales y plantas caminaran sobre la roca firme.
Source: https://scientias.nl/landleven-bestaat-pas-kort-daarvoor-leefde-alles-in-het-water/