Introducción

Perder peso es solo la mitad de la batalla; mantenerlo a largo plazo resulta aún más desafiante. El llamado efecto rebote o “jo‑jo” vuelve a colocar a muchas personas en su peso previo, a pesar de los esfuerzos iniciales. Recientemente, dos estudios financiados por la industria farmacéutica han aportado evidencia sobre estrategias que podrían mitigar este fenómeno, enfocándose en alternativas orales a los inyectables y en la modulación del microbioma intestinal.

Estudio 1: Píldora GLP‑1 oral

El primer ensayo, dirigido por investigadores de Weill Cornell Medicine, evaluó la eficacia de una nueva molécula llamada orforglipron, un agonista oral del receptor GLP‑1. Tras completar 72 semanas de terapia con inyecciones de tirzepatida o semaglutida, 376 adultos estadounidenses fueron randomizados para recibir una dosis diaria de orforglipron o placebo durante un año.

Los resultados fueron sorprendentes: los sujetos que previamente habían usado tirzepatida conservaron el 74,7 % de la pérdida de peso obtenida, frente al 49,2 % del grupo placebo. En la cohorte que había recibido semaglutida, la retención llegó al 79,3 % contra apenas 37,6 % con placebo. Los efectos adversos reportados consistieron principalmente en molestias gastrointestinales de intensidad leve a moderada, sin eventos graves.

Estudio 2: Suplemento probiótico con Akkermansia muciniphila

En paralelo, el equipo del Maastricht UMC+ investigó una vía distinta. Tras una fase inicial de ocho semanas de dieta hipocalórica, 84 de los 90 participantes holandeses que lograron perder al menos un 8 % de su masa corporal pasaron a una segunda etapa de 24 semanas. En ella, continuaron con un plan alimenticio equilibrado y recibieron diariamente un suplemento de la bacteria pasteurizada Akkermansia muciniphila MucT o un placebo.

Los datos mostraron que el grupo probiótico recuperó sólo el 13,6 % del peso perdido, mientras que el grupo control volvió a ganar el 32,9 %. Además, los pacientes que consumieron el suplemento perdieron en promedio 3,1 kg adicionales respecto al inicio del estudio y mantuvieron una mayor sensibilidad a la insulina. No se observaron efectos colaterales importantes relacionados con el tratamiento.

Interpretación y limitaciones

Ambos trabajos sugieren que la transición de terapias inyectables a formulaciones orales o la incorporación de bacterias beneficiosas al intestino pueden reforzar la capacidad del organismo para sostener la reducción de peso. Sin embargo, los autores subrayan que la duración de los ensayos (un año como máximo) y el número limitado de participantes reducen la generalización de los hallazgos. También se advierte que la financiación proviene de compañías farmacéuticas, lo que podría introducir sesgos de reporte.

Implicaciones para lectores

Para quienes buscan evitar el temido efecto jo‑jo, estas investigaciones abren la puerta a opciones menos invasivas y potencialmente más sostenibles. Una píldora GLP‑1 podría eliminar la necesidad de inyecciones, facilitando la adherencia a largo plazo, mientras que un suplemento probiótico podría actuar sobre la microbiota, influenciando el apetito y el metabolismo de manera indirecta.

En conclusión, la ciencia está explorando caminos complementarios que combinan farmacología innovadora y nutrición funcional. Aún se requieren estudios más amplios y prolongados para confirmar la seguridad y la efectividad en poblaciones diversas.

Source: https://scientias.nl/afgevallen-en-nu-strategieen-tegen-het-jojo-effect-onderzocht/#respond

Related Articles