Un hallazgo inesperado

En 1936 el entomólogo Herbert Womersley recogió una pequeña centípolis en la península de Yorke, en el sur de Australia. El ejemplar quedó almacenado en el South Australian Museum, donde permaneció sin ser identificado durante casi un siglo. Fue recién en 2015 cuando el investigador alemán Peter Decker, revisando material museográfico para su tesis, notó que aquel animal pertenecía a la familia Dalodesmidae, un grupo que habitualmente se asocia a zonas húmedas.

Características singulares

La criatura, que mide apenas dos centímetros, presenta un tono amarillento con manchas rojizas. Lo que más llama la atención son los diminutos apéndices esféricos que cubren las patas de los machos. En especies afines, esos apéndices son pelos largos y puntiagudos; en cambio, en Colobothrix deckeri son cortos y gruesos, de ahí el nombre del nuevo género, que alude a “pelo corto”. Esta morfología tan atípica llevó a los taxónomos a describir no solo una nueva especie, sino también un nuevo género dentro de los Dalodesmidae.

El camino hacia la descripción

Tras la observación de Decker, el especialista australiano Robert Mesibov confirmó la importancia del hallazgo y organizó expediciones a la zona original en 2016 y 2017. A pesar de sus esfuerzos, no logró localizar más ejemplares en la península de Yorke, lo que sugería una posible extinción local. Sin embargo, la historia tomó un giro inesperado cuando, al revisar colecciones digitales del Western Australian Museum, Mesibov descubrió registros de centípolis recogidos en 2010 y 2021 en la isla Kangaroo, situada a unos cincuenta kilómetros al sur del sitio original.

Reencuentro en Kangaroo Island

Los especímenes de Kangaroo Island, obtenidos “por accidente” durante estudios de arañas, coincidían en su morfología con el ejemplar de 1936. En 2026, Mesibov viajó a la isla y, tras varias búsquedas, logró capturar nuevos individuos, confirmando que la especie aún persiste en hábitats costeros más húmedos de la región. Este hallazgo demostró que la centípolis no estaba desaparecida, sino que su distribución era mucho más fragmentada de lo que se creía.

Implicaciones y preguntas abiertas

El hecho de que Colobothrix deckeri sobreviva en la península de Yorke, donde la precipitación anual apenas supera los 450 mm, plantea interrogantes sobre sus estrategias de adaptación al desierto. ¿Podría contar con mecanismos fisiológicos para retener agua o refugiarse bajo la hojarasca? Además, la función exacta de los apéndices esféricos en las patas sigue sin aclararse, abriendo nuevas líneas de investigación sobre la ecología y el comportamiento de los Dalodesmidae.

Source: https://scientias.nl/een-vergeten-miljoenpoot-uit-1936-stelt-wetenschappers-voor-een-raadsel/

Related Articles