Un viaje sin precedentes
Un equipo internacional de investigadores ha documentado, por primera vez, que dos ballenas jorobadas pueden recorrer la increíble distancia de alrededor de 14.200 kilómetros entre la costa este de Australia y la costa de Brasil. Este trayecto, comparable con el recorrido entre Sidney y Londres, representa la mayor distancia registrada jamás recorrida por un individuo de esta especie.
Los protagonistas de la odisea
El primer ejemplar fue fotografiado en 2007 en Hervey Bay, Queensland, y reapareció en el mismo lugar en 2013. Seis años después, la misma ballena fue avistada en la costa de São Paulo, Brasil. El segundo individuo siguió la ruta inversa: capturado por primera vez en 2003 en la zona de Abrolhos Bank, importante área de alimentación en Brasil, y luego localizado en 2025 de nuevo en Hervey Bay.
¿Cómo se descubrió la conexión?
Los científicos analizaron más de 19.000 imágenes de colas de ballenas tomadas entre 1984 y 2025 mediante la plataforma colaborativa Happywhale. Cada cola posee un patrón único en su parte inferior, lo que permite identificar a los individuos de forma similar a una huella dactilar. Un algoritmo comparó las imágenes y los expertos revisaron manualmente los resultados, revelando los dos viajes extraordinarios.
Importancia de la migración transoceánica
Estas pasadas, aunque extremadamente raras (solo 0,01 % de los animales identificados), tienen repercusiones evolutivas significativas. Cuando una ballena se une a una población distinta y se reproduce, incrementa la variabilidad genética, fortaleciendo la resiliencia a largo plazo de ambas colonias. Además, los cantos y comportamientos culturales pueden difundirse a lo largo de estas rutas, enriqueciendo el repertorio acústico de la especie.
El papel de la ciencia ciudadana
La investigación subraya el valor de la participación del público. Cada foto subida a Happywhale contribuye al conocimiento colectivo, y en este caso permitió registrar una de las travesías más largas jamás documentadas. La investigadora Stephanie Stack, de la Griffith University, destacó que el hallazgo solo fue posible gracias a décadas de colaboración internacional y a la constancia de los observadores voluntarios.
Perspectivas futuras
Los investigadores advierten que la ruta exacta seguida por las ballenas sigue siendo desconocida; podrían haber navegado cerca de la Antártida, donde diferentes poblaciones se encuentran ocasionalmente. Continuar recopilando datos fotográficos y genéticos será crucial para comprender mejor la dinámica migratoria y su impacto en la conservación de estas majestuosas criaturas.