Impacto del calentamiento oceánico en las ballenas jorobadas
Los océanos están experimentando un aumento sostenido de temperatura, fenómeno que se ha intensificado con la aparición de eventos climáticos como El Niño. Este escenario no solo altera la disponibilidad de alimento para la fauna marina, sino que también modifica la forma en que los grandes cetáceos gestionan su energía interna. Un estudio reciente de la Universidad de Hawái ha revelado que, durante periodos prolongados de calor, las ballenas jorobadas activan una especie de "modo ahorro" que reduce su metabolismo.
¿Qué ocurrió durante "The Blob"?
Entre 2014 y 2016, una anomalía conocida como "The Blob" elevó la temperatura del Pacífico central mucho más allá de los valores habituales. Las consecuencias fueron evidentes: en Hawai y Alaska se registró una disminución notable tanto de adultos como de crías, y muchos individuos aparecían visiblemente delgados. Los investigadores se preguntaron cuál era el mecanismo subyacente que provocaba esa pérdida de condición física.
El análisis de las baleinas como registros biológicos
Para desentrañar el misterio, el equipo científico examinó las baleinas de tres hembras que habían encallado entre 2016 y 2021. Estas estructuras óseas, comparables a los anillos de los árboles, conservan información química acumulada a lo largo de años. Al medir distintas formas de carbono y nitrógeno, así como la concentración de progesterona, los científicos pudieron reconstruir la historia metabólica de cada animal desde 2013 hasta 2021.
Los resultados mostraron que, durante la ola de calor, el gasto energético de las jorobadas disminuyó de forma significativa. Los modelos computacionales confirmaron que la reducción del metabolismo era una estrategia de supervivencia: al consumir menos energía, los cetáceos prolongaban la duración de sus reservas limitadas.
Consecuencias para las hembras embarazadas
Si bien la "spaarstand" (modo ahorro) puede parecer ventajosa, tiene un costo elevado para las ballenas gestantes. Estas criaturas dependen de una gruesa capa de grasa acumulada en zonas ricas en krill y pequeños peces para afrontar la larga travesía hacia sus áreas de reproducción, como las costas de Hawai. Durante la migración y el periodo de apareamiento, la ingesta de alimento se reduce drásticamente, obligándolas a vivir exclusivamente de sus reservas lipídicas.
Para una hembra preñada, esa reserva no solo alimenta su propio metabolismo, sino que también sustenta al feto en desarrollo. Si la grasa disponible es insuficiente, tanto la madre como el futuro cría pueden sufrir déficits nutricionales, lo que repercute en la tasa de supervivencia de los recién nacidos.
Implicaciones a futuro
El estudio subraya la vulnerabilidad de los mamíferos marinos ante el estrés climático extremo. A medida que los eventos de El Niño se vuelvan más frecuentes e intensos, es probable que más poblaciones de ballenas jorobadas enfrenten desafíos similares, especialmente en regiones donde la productividad primaria del océano disminuya.
Comprender cómo estos gigantes marinos ajustan su fisiología a condiciones adversas es crucial para diseñar medidas de conservación efectivas. La investigación abre la puerta a nuevas estrategias de monitoreo que podrían anticipar crisis alimentarias y proteger a los individuos más susceptibles, como las hembras embarazadas.