El nuevo ensayo clínico y sus hallazgos
Un equipo de la Universidad del Sur de California (USC) llevó a cabo un estudio controlado en el que administró dosis elevadas de DHA, el ácido docosahexaenoico, a adultos mayores sin demencia. El objetivo principal era comprobar si el nutriente podía cruzar la barrera hematoencefálica y acumularse en el tejido cerebral. Los resultados confirmaron que, tras varios meses de ingesta, los niveles de DHA en el cerebro aumentaron de forma significativa, independientemente de la presencia del alelo APOE‑e4, conocido por elevar el riesgo de enfermedad de Alzheimer.
¿Mejora cognitiva? La respuesta negativa
A pesar de la exitosa penetración del compuesto, los investigadores no observaron cambios apreciables en las pruebas neuropsicológicas ni en los indicadores de neuroimagen empleados para medir la función cognitiva. En otras palabras, el incremento de DHA no se tradujo en una mejora detectable de la memoria ni en una ralentización del deterioro mental durante los 24 meses de seguimiento.
Interpretaciones del especialista
El neuropatólogo Alberto Rábano, director del banco de tejidos CIEN, puntualiza que el hallazgo confirma una premisa biológica importante: los suplementos orales pueden elevar el contenido cerebral de DHA. Sin embargo, advierte que “el tratamiento, en las condiciones específicas de este ensayo, no tiene un efecto observable sobre los marcadores clínicos”. Para él, la prevención del deterioro cognitivo exige un enfoque multifactorial que combine dieta, ejercicio, control de factores de riesgo cardiovascular y, en algunos casos, intervenciones farmacológicas.
Limitaciones y consideraciones metodológicas
El estudio presenta varias restricciones que podrían haber sesgado los resultados. La mayoría de los participantes poseía un alto nivel educativo, lo que suele asociarse con una mayor reserva cognitiva. Además, la pandemia de COVID‑19 provocó la retirada del 38 % de los voluntarios, reduciendo la potencia estadística. Finalmente, el periodo de dos años puede resultar insuficiente para detectar alteraciones estructurales, como la variación del volumen del hipocampo, en individuos que aún no presentan síntomas de demencia.
Perspectivas futuras y medicina de precisión
Los autores coinciden en que la próxima fase de investigación debe centrarse en poblaciones con marcadores de riesgo específicos, como la presencia de la haplotipo APOE‑e4 o biomarcadores de neurodegeneración. La idea es aplicar una medicina de precisión que identifique a los sujetos que realmente podrían beneficiarse de la suplementación con omega‑3, en lugar de recomendarla de forma indiscriminada a la población general.
En conclusión, aunque los suplementos de omega‑3 logran elevar el DHA cerebral, la evidencia actual no respalda su uso como único agente para preservar la memoria. La estrategia preventiva más eficaz probablemente combine varios hábitos saludables y, cuando sea necesario, intervenciones dirigidas a grupos de alto riesgo.