Registro vecinal de menores migrantes en Ceuta

Ante la avalancha de jóvenes que cruzan la frontera marroquí, la asociación de vecinos del barrio del Príncipe ha tomado la iniciativa de crear un registro extraoficial. Sobre el capó de un coche estacionado frente a la iglesia católica, Mohamed, de 14 años, anota su nombre y el de sus compañeros Hicham y Fahmi, con la esperanza de que esa lista sirva de llamado de atención a las autoridades locales y al Estado para garantizar una acogida digna.

Un esfuerzo improvisado pero necesario

El presidente del colectivo vecinal, Ahmed Enfed‑dal, explica que desde el martes se han apuntado alrededor de 3.100 menores, aunque reconoce que el documento no tiene carácter oficial. Lo que sí tiene es la intención de visibilizar la magnitud del problema y presionar para que se respeten los derechos internacionales de los menores no acompañados. "No basta con abrir una nave y dejarlos sin nada", insiste, subrayando la necesidad de una atención integral que incluya alimentación, ropa y un lugar seguro donde dormir.

La crónica de una llegada caótica

El 30 y 31 de julio, decenas de miles de migrantes intentaron entrar en Ceuta, lo que desbordó los recursos de la ciudad autónoma. Según datos oficiales, el número de menores extranjeros no acompañados atendidos pasó de 213 a 1.017 en apenas dos semanas. La mayoría de estos jóvenes, provenientes de ciudades como Tetuán, Sidi Kacem o Kenitra, se encuentran ahora en la calle, sin acceso a servicios básicos y con escasas posibilidades de encontrar empleo o educación.

Fahmi, de 17 años, relata que sus padres no pueden sostenerlo y que la única alternativa que vio fue cruzar el espigón del Tarajal. Mohamed, hijo único de padres jóvenes y desempleados, comparte la misma historia de abandono familiar y falta de oportunidades. Ambos describen noches frías en la intemperie, la búsqueda de comida entre los contenedores de basura y la constante incertidumbre sobre su futuro.

Historias que conmueven

Durante la jornada de registro, los vecinos escucharon relatos desgarradores. Una adolescente contó que su padre es alcohólico, su madre padece una enfermedad mental y que fue entregada a una señora que la maltrataba. "Me cuesta mucho hablar de esto, me pongo a llorar", confesó Ahmed Enfed‑dal, visiblemente afectado por la magnitud del sufrimiento que ha presenciado.

El registro, aunque no oficial, ha permitido crear una base de datos que podría servir de referencia para organizaciones humanitarias y para los servicios sociales de Ceuta. La esperanza es que, al contar con nombres y edades, se facilite la tramitación de permisos de residencia, acceso a la educación y, sobre todo, la protección contra la explotación y el abuso.

Desafíos y perspectivas

El principal reto sigue siendo la falta de recursos y la saturación de los centros de acogida. Las autoridades locales han reconocido la situación, pero la respuesta ha sido lenta y, en muchos casos, insuficiente. Mientras tanto, la comunidad del Príncipe continúa con su labor de registro, añadiendo diariamente nuevos nombres y ofreciendo apoyo moral a los menores que, a pesar de su vulnerabilidad, demuestran una notable resiliencia.

El caso de Ceuta pone de relieve la necesidad de una política migratoria europea más coordinada, que garantice la protección de los menores y evite que ciudades fronterizas se conviertan en focos de crisis humanitaria. Hasta que se logre una solución estructural, iniciativas como la del barrio del Príncipe seguirán siendo el último recurso para salvaguardar la dignidad de estos jóvenes.

Source: https://www.eldiario.es/desalambre/cientos-menores-migrantes-siguen-calles-principe-acogida-durmiendo-intemperie_1_13430498.html

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