El dilema entre acceso y producción

En la discusión actual sobre cómo enfrentar la escalada de los precios de la alimentación, se suele plantear una dicotomía que resulta insuficiente: por un lado, la creación de supermercados públicos que actúan sobre la distribución; por otro, la implantación de una seguridad social alimentaria que incide en la demanda. Ninguna de estas medidas, por sí sola, puede transformar la forma en que se cultivan, procesan y transportan los alimentos, factor esencial para contener la inflación.

Experimentos en Nueva York y Francia

El alcalde de la ciudad neoyorquina, Zohran Mamdami, ha impulsado la construcción de cinco supermercados municipales con el objetivo de rebajar la cesta básica de la clase trabajadora. La iniciativa se inspira en el legado del socialismo municipal de Milwaukee, donde a principios del siglo XX se nacionalizaron numerosos servicios. En Francia, la Asamblea Nacional debatió la creación de una “seguridad social de la alimentación”, un programa que asignaría entre 100 y 150 euros mensuales a cada ciudadano para gastar en comercios adheridos. Aunque la propuesta fue bloqueada por la oposición conservadora, varios municipios, como Montpellier, ya ejecutan proyectos piloto que van más allá de la mera asistencia.

Contexto inflacionario y vulnerabilidad

Desde la crisis financiera de 2007‑08, los precios de los alimentos han experimentado una tendencia alcista y una volatilidad sin precedentes, superando el ritmo de crecimiento de los salarios. La combinación de la invasión rusa a Ucrania en 2022 y la reciente guerra en Irán ha exacerbado la presión sobre los mercados internacionales, pero la raíz estructural del problema reside en un sistema agroalimentario dependiente de combustibles fósiles, largas cadenas logísticas y recursos naturales cada vez más escasos.

Propuestas en el panorama español

En España, el debate ha cobrado fuerza. Podemos presentó en 2023 la idea de un supermercado público, mientras la Fundación Carasso organizó un foro donde se analizó la experiencia francesa y se planteó una versión adaptada al contexto español, apoyada por el piloto de Getafe. Estas iniciativas buscan no solo aliviar la carga económica de los hogares, sino también sentar las bases de un modelo de producción más sostenible y resiliente.

Hacia una transformación integral

Para lograr una reducción duradera de los costos alimentarios, es necesario combinar políticas de distribución con reformas estructurales en la cadena de suministro. Esto implica fomentar la agricultura ecológica, reducir la dependencia del petróleo, impulsar la logística local y garantizar que los alimentos se produzcan de manera justa y respetuosa con el medio ambiente. Solo una visión holística podrá convertir el derecho a la alimentación en una realidad tangible para todas las personas.

Source: https://www.eldiario.es/economia/no-basta-abaratar-comida-transformar-sistema-alimentario-nadie_129_13425014.html

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