El renacer de los brotes zoonóticos

Los expertos estiman que alrededor de diez mil virus que circulan en la fauna silvestre poseen la capacidad de infectar al ser humano. La interacción cada vez más frecuente entre personas y ecosistemas naturales, impulsada por la expansión turística y el calentamiento global, está convirtiendo esa posibilidad en una amenaza palpable.

Un caso que sacudió el turismo marítimo

En el reciente incidente a bordo del crucero MV Hondius, una pareja de nacionalidad neerlandesa resultó infectada por hantavirus y falleció. Los pasajeros habían recorrido previamente Argentina, Chile y Uruguay en una ruta de avistamiento de aves, deteniéndose incluso en el basurero de Ushuaia, zona donde proliferan roedores portadores del virus de los Andes. La Organización Mundial de la Salud, en coordinación con autoridades argentinas, investiga si el contacto con esos ambientes provocó el salto del patógeno a los humanos.

Lecciones de brotes anteriores

El episodio de 1993 en la comunidad Navajo, provocado por el “Sin Nombre” (SNV), dejó treinta muertos entre cincuenta infectados. La tradición oral de los navajo había advertido generaciones sobre la peligrosa convivencia entre humanos y roedores nocturnos. De forma similar, en 2012 un grupo de turistas que se alojó en cabañas infestadas de ratones ciervo en el Parque Nacional Yosemite contrajo el mismo tipo de virus, demostrando que la exposición directa a reservorios animales sigue siendo una ruta de transmisión subestimada.

Turismo de aventura: ¿un juego de alto riesgo?

Actividades que acercan a los visitantes a macacos del Atlas marroquí, gorilas de montaña en Uganda y Ruanda, o cuevas pobladas por colonias de murciélidos en África y Asia, han sido señaladas como focos potenciales de zoonosis. El peligro no radica únicamente en que los humanos introduzcan patógenos en nuevos entornos, sino en que esas interacciones faciliten que virus aislados durante milenios encuentren rutas de contagio hacia la población global.

Riesgos en los confines polares

Antonio Quesada, secretario técnico del Comité Polar Español, ha observado un incremento de visitantes en la Patagonia y la Antártida. La curiosidad por tocar pollitos de pingüino o escalar glaciares sin autorización aumenta la probabilidad de contactos indeseados con fauna silvestre. Aunque los cruceros como el MV Hondius siguen protocolos estrictos, la presencia de grupos libres y no regulados puede socavar esas medidas de seguridad.

Los cálculos indican que el 75 % de las infecciones emergentes provienen de animales salvajes y que más de 200 virus ya han cruzado la barrera de especies. La globalización multiplica el alcance de cada brote; en el caso del Hondius, 140 pasajeros de 23 nacionalidades viajaban juntos, lo que ilustra la potencial dispersión internacional de un patógeno recién emergido.

Ante esta realidad, la comunidad científica advierte que seguir “jugando a la ruleta rusa” con la salud pública es insostenible. La prevención requiere limitar el contacto directo con reservorios animales, reforzar la vigilancia epidemiológica y adoptar políticas de turismo responsable que consideren los riesgos sanitarios como parte esencial de la planificación.

Source: https://www.eldiario.es/sociedad/brote-crucero-deja-nuevo-aviso-humanos-seguimos-jugando-ruleta-rusa-virus-letales_1_13207311.html

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