Un desafío inesperado para la robótica
El ping‑pong ha sido durante mucho tiempo el terreno de juego donde la precisión humana y la rapidez de reacción se ponen a prueba. Replicar esas habilidades con una máquina resultaba una tarea casi imposible, hasta que Sony AI presentó a “Ace”, su robot capaz de competir al nivel de los mejores jugadores profesionales.
Visión ultra rápida y detección de giro
Para anticipar la trayectoria de la pelota, Ace está rodeado por nueve cámaras de alta velocidad que capturan la posición del globo 200 veces por segundo con una exactitud de tres milímetros y una latencia de apenas diez milisegundos. Pero conocer la ubicación no basta: el efecto de giro es crucial. Un sistema llamado “gaze control” emplea tres dispositivos con espejos inclinables y una tele‑lente ajustable que sigue el logo de la pelota, permitiendo a una red neuronal estimar su velocidad angular.
Aprendizaje mediante simulación
En lugar de programar cada movimiento, el robot entrenó durante cientos de horas contra adversarios virtuales en un entorno que reproduce con fidelidad la física del juego. Gracias a esa práctica, Ace construyó una base de “políticas” que representan distintos estilos: topspin, backspin, golpes de borde, entre otros. Cada 32 milisegundos elige la mejor opción y planifica la trayectoria de sus articulaciones, verificando que no choque con la mesa ni consigo mismo.
Una arquitectura mecánica singular
El brazo de Ace cuenta con ocho grados de libertad: dos rieles lineales y seis articulaciones rotativas, lo que le otorga la amplitud necesaria para imitar los swings de un profesional. Su raqueta puede lanzar la bola a velocidades cercanas a los 20 m·s⁻¹, comparable a los drives más potentes del circuito. Además, incorpora un pequeño receptáculo para sujetar la pelota durante el saque, cumpliendo con las normas oficiales que exigen una tirada específica.
Competencias reales
En abril de 2025, Ace se enfrentó a siete jugadores humanos, entre ellos cinco élites con más de una década de entrenamiento y dos profesionales japoneses. En partidos al mejor de tres sets, el robot demostró una adaptación constante, respondiendo a rebotes inesperados y a cambios de dirección con una rapidez que supera a la mayoría de los atletas.
El proyecto no solo marca un hito en la robótica de deportes, sino que abre la puerta a sistemas de IA capaces de operar en entornos no estructurados, donde la percepción, la planificación y el control deben suceder de forma casi instantánea.