El vínculo entre insomnio y ansiedad prolongada

Quienes pasan la noche en vela suelen temer que la falta de sueño arruine el día siguiente. Aunque la mayoría de las jornadas transcurre sin incidentes, esa aprensión se mantiene latente. Estudios recientes demuestran que el cuerpo de los que sufren de insomnio tiene dificultades para reconocer que la amenaza ha desaparecido, y la pista más reveladora proviene del sudor.

Cómo se mide la tensión a través de la piel

El sistema nervioso simpático, responsable de la respuesta de lucha o huida, activa las glándulas sudoríparas cuando una persona se asusta o se siente nerviosa. Incluso una mínima cantidad de sudor aumenta la conductividad eléctrica de la piel, lo que permite registrar cambios mediante electrodos. Este principio es la base de los polígrafo y de los experimentos que asocian estímulos visuales con descargas eléctricas leves.

El experimento de Pavlov reinventado

Investigadores de la Universidad de Nueva York y la Escuela de Medicina de Harvard adaptaron la clásica prueba de Pavlov. Veinticuatro adultos con problemas de sueño y veinticuatro buenos durmientes observaron en una resonancia magnética una imagen que inicialmente estaba vinculada a una pequeña descarga. Posteriormente, la misma imagen se mostró sin la descarga, evaluando la capacidad de “desaprender” la asociación temerosa. Un día después se volvió a probar la reacción.

Resultados: la diferencia está en el nivel basal

Al analizar únicamente los picos de sudor, no surgieron diferencias significativas entre los grupos. Sin embargo, al incorporar el nivel de fondo de la conductividad cutánea, los investigadores detectaron que, en los buenos durmientes, la medida de tensión disminuía cuando la descarga desaparecía. En contraste, los insomnes mostraron un leve aumento de esa medida, indicando que su cuerpo mantenía una alerta persistente.

Implicaciones para la terapia de exposición

El cerebro crea un nuevo “memoria de seguridad” que debe competir con la memoria de miedo preexistente. En personas con insomnio, esa nueva huella parece ser demasiado débil para suplantar la antigua, lo que concuerda con estudios de neuroimagen que revelan una activación tardía de áreas cerebrales implicadas en la extinción del miedo. Este hallazgo sugiere que la terapia de exposición, que se basa en la misma lógica de desaprendizaje, podría ser menos eficaz en quienes duermen poco.

En síntesis, el sudor actúa como un termómetro fisiológico que muestra por qué el miedo se aferra más tiempo a los que no descansan adecuadamente. Comprender este mecanismo abre la puerta a intervenciones más precisas, tanto en el ámbito del sueño como en el tratamiento de la ansiedad.

Source: https://scientias.nl/waarom-blijft-angst-bij-mensen-met-slapeloosheid-langer-hangen-hun-zweet-geeft-een-hint/

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