Una campaña de verano que supera récords
El equipo del CENIEH volvió a la cueva de Prado Vargas, situada en el complejo de Ojo Guareña, para continuar una excavación sistemática iniciada en 2016. En la temporada 2024‑2025 se trabajaron 32 metros cuadrados del nivel 4D, la capa asociada a la ocupación neandertal, alcanzando un total de 140 metros cuadrados excavados, la mayor superficie de un yacimiento neandertal en cueva hasta la fecha.
Más de 1.500 objetos recuperados
Los arqueólogos desenterraron más de mil quinientos fragmentos, entre restos óseos de animales y herramientas de piedra. Los huesos pertenecen a jabalíes, caballos, bisontes, uros, gamos y ciervos, muchos de ellos con marcas de corte y golpes que revelan el proceso de despiece y la extracción de tuétano. Estas evidencias permiten reconstruir la dieta y las técnicas de caza de los grupos que habitaron la cueva durante varios milenios.
Herramientas de sílex y retocadores óseos
Alrededor del noventa y cinco por ciento de los utensilios están fabricados en sílex, mientras que el resto se elaboró con cuarcita y cuarzo. Entre los hallazgos destacan lascas con filos sin retocar, raederas, muescas y denticulados. Un descubrimiento particularmente relevante son los retocadores de hueso, fragmentos de huesos largos que los neandertales utilizaban para afilar y remodelar los filos de sus herramientas de piedra. Esta campaña añadió cerca de un centenar de estos objetos, elevando su número total a más de ciento cincuenta en el yacimiento.
Uso del fuego y posibles conductas simbólicas
En los sedimentos se hallaron carbones y cenizas que confirman la presencia de hogueras, así como fósiles marinos transportados deliberadamente al interior de la cueva. Un estudio previo publicado en Quaternary analizó quince de esos fósiles y propuso que su presencia podría estar vinculada a curiosidad, motivos estéticos o comportamientos simbólicos, lo que sugiere una dimensión cultural más compleja de lo que se había pensado.
Una ocupación prolongada y multigeneracional
Los datos indican que los neandertales ocuparon Prado Vargas principalmente entre la primavera y el final del otoño, regresando al mismo refugio durante varias generaciones. La continuidad de la actividad se refleja en la acumulación de residuos, herramientas y restos de fuego, lo que permite imaginar un campamento estacional de gran tamaño.
Tras la huella neandertal, la llegada de Homo sapiens
En niveles más recientes del yacimiento se han identificado vestigios de grupos de Homo sapiens, incluido un hogar datado preliminarmente en unos treinta y cinco mil años. Este hallazgo sitúa a Prado Vargas como un punto de transición entre dos especies humanas, ofreciendo una ventana única para estudiar la interacción y la sucesión cultural en la Península Ibérica.