El fin del paréntesis de agosto
Durante décadas, el mes de agosto ha sido considerado un espacio de pausa institucional en España. El Parlamento cierra sus sesiones, la justicia declara el mes inhábil y la agenda política se detiene, como si la realidad exterior pudiera esperar a que el calendario escolar y agrario volviera a ponerse en marcha.
Una tradición que choca con la urgencia actual
Los últimos años han demostrado que esa ilusión de un receso permanente es cada vez más insostenible. Las olas de calor extremas, los incendios forestales de sexta generación y la crisis migratoria en Ceuta han demostrado que los fenómenos climáticos y geopolíticos no respetan los horarios vacacionales. Mientras los bosques arden en Ávila, miles de personas cruzan el Tarajal, y la presión sobre los servicios públicos se intensifica, el Estado sigue “de vacaciones”.
El calendario institucional frente a la realidad
La Constitución establece dos periodos ordinarios de sesiones (septiembre‑diciembre y febrero‑junio) y deja enero, julio y agosto como trimestres de cierre. Ese esquema, heredado de una época en que la política podía seguir el ritmo de las cosechas, resulta discordante con un entorno donde las alarmas financieras, sanitarias y de seguridad suenan a cada minuto.
Ejemplos internacionales de continuidad
Francia, en 1995, eliminó la división de sesiones y adoptó una única legislatura anual. Alemania mantiene su Bundestag en funcionamiento continuo, sin periodos de apertura o cierre. Italia y el Parlamento Europeo operan bajo sesiones ininterrumpidas, y el Reino Unido cuenta con el mecanismo de “recall”, que permitió a los Comunes debatir la caída de Kabul en pleno agosto de 2021. En contraste, España requiere la voluntad del Gobierno o una mayoría absoluta para convocar sesiones extraordinarias, lo que dificulta una respuesta ágil.
La reforma del artículo 135 como espejo
El caso de la reforma del artículo 135 de la Constitución, que introdujo el principio de estabilidad presupuestaria y la prioridad absoluta del pago de la deuda, ilustra la capacidad del sistema para actuar con rapidez cuando los mercados lo exigen. La discusión se inició en agosto de 2011, se tramitó en días, sin referéndum y con escasa deliberación, demostrando que la maquinaria institucional puede acelerar, pero ¿para quién acelera?
Desincronización entre sistema y hechos
El núcleo del problema es la creciente desincronización entre la velocidad de los acontecimientos –finanzas que operan en milisegundos, crisis climáticas que se desarrollan en horas y conflictos geopolíticos que emergen de forma repentina– y un marco institucional que sigue anclado a una lógica de pausa anual. Mantener el “paréntesis de agosto” implica, en última instancia, cerrar los ojos ante la necesidad de una democracia que responda en tiempo real.
Source: https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/democracia-guardia_129_13492593.html