EE. UU. versus Irán: una guerra inesperada
Donald Trump lanzó la ofensiva contra Irán con la intención de descabezar al régimen y abrir paso a un gobierno más alineado con los intereses estadounidenses. La campaña se vendió como una operación breve y quirúrgica que garantizaría la «libertad» de los iraníes y tranquilizaría a Israel y a los estados del Golfo. Sin embargo, después de casi dos meses de combates, los objetivos se han desplazado entre reabrir el estrecho de Ormuz y la arriesgada estrategia de asfixia económica a Teherán.
Ormuz, el cuello de botella del mundo energético
El estrecho de Ormuz es un nodo crítico para la circulación del petróleo y del gas natural licuado. Según la Agencia Internacional de la Energía, el volumen de crudo que pasa por ese paso se ha reducido a apenas un décimo de los niveles preconflicto, y el tráfico caía un 68 % en apenas dos semanas. Las rutas alternativas, como el desvío por el Mar Rojo, resultan insuficientes para compensar la pérdida.
Impacto en los países del Golfo y en Asia
Los exportadores del Golfo – Arabia Saudí, Irak, Emiratos Árabes y Kuwait – ven mermadas sus ganancias, aunque Irán, a pesar de sufrir destrucción de infraestructura, también contribuye a la caída global de los ingresos. No solo el petróleo está en juego: alrededor del 20 % del GNL mundial transita por Ormuz, y Qatar, principal proveedor de gas a China, sufre considerablemente.
China importa cerca del 28 % del GNL que recibe de Qatar y casi un tercio de sus flujos de gas hacia Asia dependen del estrecho. Además, el país se ha convertido en el comprador del 90 % del petróleo iraní, lo que convierte a Pekín en un actor clave para la estabilidad de la zona.
Por qué a China le conviene la paz
Los lazos comerciales entre los estados del Golfo y Asia se han triplicado entre 2010 y 2024, según el think‑tank Asia House. Un conflicto prolongado incrementaría los costos de transporte, elevaría los precios de los combustibles y pondría en riesgo la cadena de suministro de petroquímicos de la que depende gran parte de la industria china. Por ello, Pekín favorece una solución diplomática que mantenga abierto Ormuz y garantice la continuidad de los flujos de energía.
En este escenario, la presión estadounidense parece haber generado un efecto colateral: un debilitamiento de la propia posición estratégica de sus aliados del Golfo, mientras que China consolida su influencia como comprador indispensable de recursos iraníes.
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