Un hallazgo inesperado bajo los escombros de Éfeso

En una excavación reciente en la ciudad turca de Éfeso, los arqueólogos del Instituto Austriaco desenterraron los restos de dos bebés que habían permanecido ocultos durante más de mil años. Lo sorprendente no es solo la antigüedad de los cuerpos, sino el contexto en el que fueron encontrados: dentro de una latrina romana abandonada, situada en el interior de un odeón, una especie de sala de conciertos y discursos de la época.

¿Por qué un retrete?

El edificio, construido alrededor del siglo I d.C., había sido convertido en un baño público una centuria después y, tras un incendio devastador, quedó deshabitado. Con el paso del tiempo, el espacio se utilizó para desechar despojos y fragmentos de cerámica. Cuando, entre los siglos VIII y IX, se decidió enterrar a los dos infantes, el canal de la latrina seguía intacto, ofreciendo un refugio subterráneo protegido de los elementos y de la mirada de la comunidad.

Características de los pequeños

Los análisis de los huesos indican que ambos niños nacieron prematuramente, aproximadamente seis semanas antes de la fecha prevista. La disposición de los cuerpos, uno al lado del otro, sugiere que podrían haber sido gemelos. Además, los investigadores hallaron un hallazgo anatómico extremadamente raro: una costilla extra que emergía de una vértebra cervical, de apenas cinco milímetros de longitud. Este tipo de anomalía sólo se había documentado una vez antes en un entierro de lactante.

Un gesto de respeto, no de crueldad

Lejos de interpretarse como un acto de abandono, la forma en que los bebés fueron colocados revela una intención cuidadosa. Los restos estaban envueltos en vendas funerarias y descansaban sobre una cama de tierra traída de otro lugar, lo que indica que los encargados de la sepultura dedicaron tiempo y recursos para ofrecerles una última morada digna. La arqueóloga Lilli Zabrana describió el hallazgo como “una última morada pensada, no un descarte”.

Significado espiritual y cultural

En la Éfeso bizantina, sólo los individuos bautizados podían ser enterrados en terrenos consagrados. Los recién nacidos, a menudo, no recibían el sacramento hasta varias semanas después del parto, lo que limitaba sus opciones de sepultura. El odeón, ubicado dentro del recinto del antiguo templo de Artemisa, podría haber conservado una carga simbólica que los padres consideraron adecuada para sus hijos, ofreciendo una especie de protección espiritual.

Lo que nos enseña el descubrimiento

Este caso demuestra que, incluso en épocas donde la mortalidad infantil era alta, existía una sensibilidad hacia los más vulnerables. La decisión de enterrar a los bebés en un lugar tan inusual, pero cuidadosamente preparado, contrasta con la visión moderna de que las sociedades antiguas eran insensibles. Además, la preservación de los restos durante más de un milenio brinda a la ciencia una ventana única para estudiar la salud, la genética y las prácticas funerarias de la Antigüedad.

Source: https://scientias.nl/twee-babys-lagen-1000-jaar-lang-begraven-in-een-oud-romeins-toilet-en-dat-was-geen-wrede-daad/

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