Un hallazgo inesperado en Éfeso

En el corazón de la antigua ciudad de Éfeso, en la actual Turquía, arqueólogos desenterraron una pequeña caja de piedra y ladrillos que contenía los restos de dos bebés. Lo sorprendente no es solo la edad de los huesos, que datan de entre los siglos VIII y IX d.C., sino el lugar donde fueron depositados: un latrín romano que había dejado de usarse siglos antes. Este descubrimiento desafía la idea de que los niños fallecidos en la Antigüedad eran simplemente descartados sin ceremonia.

El contexto del edificio

El latrín formaba parte de un odeón, una especie de sala de conciertos y discursos construida alrededor del año 150 a.C. Posteriormente, el edificio recibió una instalación sanitaria pública que, tras un incendio, quedó abandonada y se utilizó como depósito de desechos y fragmentos de cerámica. Cuando los bebés fueron enterrados, el canal del baño seguía intacto, ofreciendo un refugio oculto y protegido contra los elementos. Los investigadores creen que la elección de este sitio no fue casual, sino una decisión deliberada para ofrecer a los pequeños una última morada digna.

Los bebés y su singularidad

Los análisis óseos revelaron que ambos niños tenían aproximadamente seis semanas de gestación, lo que indica que nacieron prematuramente y probablemente no llegaron a respirar. Además, se identificó una anomalía extremadamente rara: un pequeño hueso extra, de apenas cinco milímetros, que emergía de una vértebra cervical. Este tipo de extra costilla se ha documentado solo una vez antes en restos infantiles, y suele asociarse a problemas genéticos o a patologías graves en la infancia.

La hipótesis más aceptada es que se trataba de una gemela. La coincidencia de edades, la posición lado a lado y la similitud de los restos refuerzan esta idea. La gemelaridad habría añadido complicaciones al parto, lo que en la época podía considerarse un mal augurio, pero también una razón para otorgar una atención especial al entierro.

Interpretaciones y significado

En el contexto bizantino de Éfeso, solo los individuos bautizados podían ser sepultados en terrenos consagrados. Los bebés, al no haber sido bautizados, quedaban excluidos de los cementerios tradicionales. El odeón, situado dentro del recinto de la antigua Templo de Artemisa, pudo haber conservado una carga simbólica que los padres o cuidadores consideraron apropiada para la última morada de sus hijos.

Los investigadores también observaron que los cuerpos fueron envueltos en vendas y colocados sobre una capa de tierra traída de otro lugar, lo que sugiere una intención de honrar y proteger a los pequeños. Caroline Partiot, autora principal del estudio, subraya que este tipo de entierro muestra la sensibilidad y el cuidado que las sociedades antiguas podían tener hacia sus miembros más vulnerables, contrariamente a la visión estereotipada de una indiferencia brutal.

En definitiva, el hallazgo no solo aporta datos anatómicos y arqueológicos valiosos, sino que también abre una ventana a las creencias, rituales y emociones de una comunidad que, hace más de mil años, buscó una forma digna de despedirse de sus niños.

Source: https://scientias.nl/twee-babys-lagen-1000-jaar-lang-begraven-in-een-oud-romeins-toilet-en-dat-was-geen-wrede-daad/