¿Existe realmente una fecha de caducidad para las personas?
En la imaginación popular suele aparecer la idea de que el cuerpo humano posee un punto de expiración, habitualmente situado alrededor de los 120 años. Esa concepción, aunque parezca contemporánea, tiene sus raíces en investigaciones de la década de 1960, llevadas a cabo por el citólogo Leonard Hayflick.
El hallazgo que cambió la visión de la división celular
Hasta que Hayflick tomó el microscopio, la mayoría de los biólogos creía que las células humanas podrían replicarse indefinidamente siempre que recibieran los nutrientes adecuados. El científico notó, sin embargo, que después de aproximadamente cincuenta ciclos de multiplicación, las células cesaban de procrear. No morían de forma abrupta; más bien aumentaban de tamaño, alteraban su morfología y mostraban señales de senescencia.
Sus colegas inicialmente sospecharon de contaminación o de un medio de cultivo defectuoso, pero al mezclar fibroblastos de un hombre mayor con células jóvenes de origen femenino, quedó claro que el fenómeno se originaba en el propio material genético. Las células ancianas se detuvieron justamente en su límite propio, mientras que las juveniles continuaron hasta alcanzar su propia barrera.
Telómeros y la “Hayflick limit”
El mecanismo subyacente radica en los extremos cromosómicos, conocidos como telómeros. Cada vez que una célula se divide, el proceso de replicación acorta ligeramente estos fragmentos protectores. Cuando la longitud telomérica disminuye hasta un nivel crítico, la célula pierde la capacidad de dividirse y entra en estado de senescencia. A este umbral se le denomina límite de Hayflick.
Este sistema funciona como una barrera natural contra la proliferación descontrolada, evitando así la aparición de tumores. No obstante, a la vez impone un techo biológico a la longevidad del organismo, pues el tejido pierde su capacidad regenerativa a medida que los telómeros se erosionan.
¿Es posible extender la fecha de caducidad?
La ciencia contemporánea explora diversas estrategias para retrasar la erosión telomérica: activación de la enzima telomerasa, terapias basadas en la reprogramación celular o tratamientos que reduzcan el estrés oxidativo. Sin embargo, cualquier intento de prolongar la vida celular debe equilibrarse con el riesgo de favorecer la oncogénesis.
En el programa televisivo producido por Diederik para la NTR, titulado "Jekels jacht naar het eeuwige leven", se analizan estos avances y se discuten los dilemas éticos asociados a la búsqueda de la inmortalidad.
En conclusión, la noción de una “fecha de caducidad” humana tiene fundamento empírico, derivado del comportamiento de nuestras propias células. Aun cuando la ciencia avanza, la interacción entre la protección contra el cáncer y la capacidad de regeneración mantiene una estrecha relación con el tiempo que podemos vivir.
Source: https://scientias.nl/de-mens-heeft-een-houdbaarheidsdatum-maar-hoe-weten-we-dat-eigenlijk/