La Noche de Velas transforma la villa medieval
Cuando el calendario marca los sábados 4 y 11 de julio, la pequeña localidad segoviana de Pedraza se envuelve en una atmósfera única. Cientos de farolas se apagan y, en su lugar, más de sesenta mil velas encendidas iluminan balcones, calles empedradas y los muros de piedra que guardan siglos de historia. El apagón de la luz eléctrica no es una carencia, sino una invitación a vivir una experiencia sensorial donde el crepitar de la cera, el suave murmullo del viento y la sombra de los edificios confluyen para transportar a los visitantes a otra época.
La hora azul: el momento cumbre
Al anochecer, el cielo adquiere la llamada “hora azul”, un tono morado‑grisáceo que se funde con el resplandor amarillento de las llamas. En ese instante, la villa parece un cuadro barroco viviente: los rayos de luz bailan entre las rendijas de las ventanas y las fachadas adquieren matices dorados. El perfume de la cera, mezclado con el aroma del bosque cercano, crea un escenario que cautiva tanto a locales como a viajeros internacionales.
Programación musical de alto nivel
El encanto visual se complementa con un programa musical cuidadosamente curado. El primer sábado, 4 de julio, la Orquesta de la Comunidad de Madrid tomará el escenario de la explanada del castillo bajo la batuta del joven director José Luis López‑Antón. El repertorio incluye la obertura de Las Hébridas, la Sinfonía n.º 4 de Mendelssohn y, después del intermedio, la enérgica Sinfonía n.º 7 de Beethoven. La orquesta, con casi cuatro décadas de trayectoria, garantiza una interpretación magistral que resonará entre los muros milenarios.
El segundo sábado: música de cine y virtuosismo
El 11 de julio, la escena se comparte con la cámara holandesa Kamerata Stradivarius, acompañada por el violinista galardonado Razván Stoica, poseedor de un Stradivarius de 1729. El concierto se centra en piezas que han trascendido la gran pantalla: obras de Mozart, Paganini, Brahms, Sarasate y Massenet que aparecieron en películas tan diversas como El Lobo de Wall Street. Cada pieza, adaptada para la acústica al aire libre, invita al público a revivir recuerdos cinematográficos mientras se deja envolver por la calidad sonora del violín de época.
Un evento que atrae a todo el mundo
Desde su primera edición en 1993, la Noche de Velas ha crecido hasta convertirse en una cita imprescindible de la agenda cultural española. Cada año, miles de turistas de toda la geografía hispana y de países extranjeros acuden a Pedraza no solo por la belleza del espectáculo lumínico, sino también por la oportunidad de disfrutar de música clásica de alta calidad en un entorno incomparable. La combinación de historia, luz y sonido convierte a la villa en un destino de verano que promete recuerdos imborrables.