Un descubrimiento inesperado en el cosmos primitivo
Un equipo de astrónomos ha conseguido, gracias al telescopio espacial Hubble, captar luz ultravioleta procedente de una galaxia que existió apenas 1,4 mil millones de años después del Big Bang. Ese destello proviene de estrellas jóvenes y masivas que, al ionizar el hidrógeno neutro que rodeaba su entorno, despejaron una «niebla» opaca y permitieron que la radiación escapara al espacio profundo. La observación abre una ventana directa a la época de reionización, cuando el universo pasó de ser un velo oscuro a un cosmos transparente.
El papel protagonista de MXDFz4.4
La galaxia en cuestión, catalogada como MXDFz4.4, se ha convertido en el emisor de Lyman‑continuo (LyC) más alejado y más desplazado al rojo jamás detectado. Los datos revelan que, pese a estar inmersa en una densa capa de hidrógeno neutro, entre el 50 % y el 100 % de los fotones ionizantes emitidos por sus estrellas logró atravesar el gas circundante. Este hecho contradice la creencia previa de que la niebla primitiva era demasiado gruesa para dejar pasar ese tipo de luz.
Una fábrica de estrellas compacta y prodigiosa
MXDFz4.4 es diminuta si la comparamos con la Vía Láctea: su diámetro es cerca de una centésima del nuestro, pero su tasa de formación estelar es diez veces mayor. En su interior se acumulan cientos de estrellas con masas superiores a la del Sol, que arden a temperaturas extremas. Su intensa radiación y sus explosiones de supernovas perforan huecos en el medio interestelar, ampliando los canales por los que la luz puede escapar. Estas explosiones, que ocurren cada pocos millones de años, actúan como pistones que rayan la niebla y facilitan la difusión del brillo ultravioleta.
Sinergia entre telescopios
El hallazgo no habría sido posible sin la cooperación de varios observatorios. Hubble aportó la detección del ultravioleta; el Telescopio Espacial James Webb (JWST) proporcionó imágenes en el infrarrojo cercano que permitieron estimar la masa estelar y la actividad de formación de estrellas; y el Very Large Telescope (VLT) de la ESO, situado en Chile, midió con precisión la distancia cósmica, confirmando que la emisión tuvo lugar cuando el universo tenía apenas 1,4 mil millones de años. Esta combinación de instrumentos de diferentes longitudes de onda y capacidades mostró el poder de la astronomía multimodal para desentrañar los secretos del cosmos temprano.
Implicaciones para la reionización cósmica
El hecho de que una galaxia tan pequeña y compacta pueda liberar una cantidad tan significativa de fotones ionizantes sugiere que los primeros sistemas galácticos, aunque numerosos y diminutos, jugaron un papel fundamental en la transformación del universo. Cada uno de estos “fuegos de arrocero” habría contribuido a desmantelar la niebla de hidrógeno neutro, acelerando el proceso de reionización que, al final, daría paso a la luz que ahora observamos en todas partes.
El descubrimiento refuerza la idea de que la reionización fue un fenómeno colectivo, impulsado por innumerables explosiones de estrellas y galaxias diminutas, en lugar de depender de un puñado de objetos gigantes. Con cada nuevo dato, los investigadores se acercan a comprender cómo el universo primitivo se abrió paso hacia la claridad que caracteriza al cosmos actual.
Source: https://scientias.nl/hubble-doorbreekt-kosmische-mist-en-ziet-het-onmogelijke-in-vroege-heelal/