Recuerdos de un beso inesperado en primer grado
Una niña de seis años relata cómo la simple idea de besar a alguien le provocaba una sensación de repulsión, pero el impulso de formar parte del grupo la llevó a seguir el juego. En medio de ladridos de risa y miradas cómplices, el episodio se transforma en una anécdota cómica que captura la esencia torpe y tierna de los primeros intentos de cercanía.
El patio como teatro de la curiosidad
En aquel primer grado, el recreo se convertía en un escenario donde los niños imitaban una parodia prepuberal del deseo. Las niñas, con labios fruncidos, persiguían a los chicos como si temieran contagiarse de los temidos "cooties", mientras los varones respondían con gritos de escape. La autora describe cómo, en lugar de seguir ese ritual, prefería clavar alfileres imaginarios en la piel y caminar como zombie, expulsando leche por la nariz.
La persecución y el accidente
Durante esas rondas, su atención se posó en un compañero llamado Shaun Paul, el único niño Mi’kmaq de la escuela. Shaun lucía una camisa roja peluda, vaqueros azulados y cabellos negros relucientes. Juntos corrían detrás de los salones móviles, entre robles centenarios, arces y cedros que más tarde serían reemplazados por un césped descuidado. El bosque del patio era el punto más atractivo, aunque sus raíces sobresalían como trampas inesperadas.
El momento de los labios entrecortados
En medio de la carrera, Shaun giró para enfrentarse a ella, retrocediendo sobre sus pies. Tropezó con una raíz expuesta y, en un giro abrupto, la narradora se precipitó sobre él. Sus caras se juntaron sin previo aviso, y sus labios se encontraron accidentalmente. Shaun mostró una mirada inocente, como la de un cachorro, mientras ella, horrorizada, se levantó rápidamente, se limpió la boca y escupió el imaginario enjambre de bacterias.
Conclusiones y eco de la nostalgia
El relato concluye con una reflexión sobre lo absurdo y encantador que resulta recordar esos momentos de infancia, donde el juego, el miedo y la curiosidad se entrelazaban en un cóctel de emociones. La autora destaca cómo ese primer beso, aunque torpe, quedó grabado como una pieza fundamental de su memoria, recordándonos que los primeros contactos humanos están cargados de humor y vulnerabilidad.
Source: https://www.narratively.com/p/running-around-in-prepubescent-lust