Un paraíso bajo vigilancia
Frente a las aguas cristalinas de Formentera se alza s'Espalmador, un islote de 137 hectáreas que forma parte del Parque Natural de Ses Salines. Conocido por sus dunas vírgenes, sus extensas praderas de posidonia y la singularidad de sus dos casas payesas, el territorio está sujeto a algunas de las normativas medioambientales más rigurosas de las Baleares. Esa condición ha convertido el futuro de la isla en un verdadero campo de pruebas entre el deseo de maximizar una inversión de 18 millones de euros y la necesidad de preservar un ecosistema delicado.
Historia de un enclave exclusivo
En 1932 la familia Cinnamond adquirió la zona por apenas 42 000 pesetas (aproximadamente 250 euros). Décadas después el valor del islote se disparó, llegando a cotizar 22 millones de euros antes de ser vendido a una sociedad luxemburguesa controlada por tres hermanos: Michel Jan Cigrang, Jean‑Philippe Cigrang y Christian Leon Cigrang. La operación, concluida hace ocho años, marcó el paso de la propiedad de una familia local a una estructura offshore, un hecho que ha generado debate sobre la transparencia de la inversión.
Planes de rehabilitación y requisitos legales
Los nuevos propietarios han gestionado, mediante la Junta de Gobierno del Consell de Formentera, la licencia urbanística necesaria para intervenir en las dos construcciones históricas, denominadas s'Alga y Majoral. La autorización, concedida el 12 de enero de 2025, permite una reforma integral sin ampliación de la superficie construida y está condicionada a estrictas exigencias de conservación patrimonial, arqueológica y de gestión medioambiental. Los trabajos se iniciarán una vez concluida la temporada turística, con el fin de minimizar el impacto logístico y ecológico.
Desafíos de la intervención en un espacio protegido
El reto principal radica en equilibrar la restauración de los edificios, que han permanecido casi inmóviles durante décadas, con la protección de la flora y fauna que habita el islote. Las praderas de posidonia, vitales para la biodiversidad marina, así como las colonias de aves que utilizan el litoral como refugio, deben permanecer intactas. Las autoridades balearas supervisarán cada fase, imponiendo límites claros en el uso de materiales, en la generación de residuos y en la alteración del terreno.
Impacto económico y expectativas de futuro
El proyecto supone una inyección de capital que, aunque limitada al patrimonio construido, repercute en la economía local al requerir mano de obra especializada y proveedores de materiales certificados. Al mismo tiempo, la posible apertura del islote a un turismo de lujo controlado podría generar nuevos ingresos para Formentera, siempre bajo la premisa de un desarrollo sostenible. Sin embargo, la falta de recursos del Consell para adquirir el territorio hace que la noción de que la isla sea de titularidad pública siga siendo una cuestión pendiente.
En síntesis, s'Espalmador se encuentra en la encrucijada entre un proyecto inmobiliario de alto valor y la imperiosa necesidad de conservar uno de los entornos naturales más prístinos del Mediterráneo.