El boom del flex living y coliving en las capitales españolas
En los últimos meses, los inversores inmobiliarios han disparado la oferta de alojamientos tipo “coliving” y “flex living”, dos conceptos que hacen referencia al alquiler de habitaciones o de corta estancia dirigidos a expatriados, nómadas digitales y jóvenes profesionales con recursos superiores a la media.
Cómo operan los fondos
Empresas como New Amsterdam Developers han adquirido bloques enteros en barrios demandados y, mediante la figura de contrato bajo el Código Civil, eluden las limitaciones establecidas por la Ley de Arrendamientos Urbanos. Al no considerarse “vivienda”, estos arrendamientos no están sujetos a la duración mínima de cinco años ni a las prórrogas obligatorias, lo que permite fijar precios mucho más altos que los del alquiler tradicional.
Precios que superan al mercado
En Madrid, el proyecto Flipco, localizado en Pacífico, ofrece apartamentos de 20 m² con piscina y servicios integrados, cuyo coste va de 155 euros al día a 1 386 euros al mes. En Barcelona, Urban Campus, situado en Atocha, cobra hasta 900 euros mensuales por habitaciones con baño privado pero sin cocina. Estos valores se sitúan lejos de la media de la zona y generan presión sobre la oferta destinada a familias.
El vacío regulatorio
Mientras el Congreso mantiene en suspenso la reforma que regularía el alquiler de temporadas y habitaciones, los ayuntamientos continúan autorizando la implantación de estos modelos tanto en suelo residencial como industrial. En Barcelona la normativa local obliga a que solo se construyan en terrenos residenciales, mientras que en Madrid la flexibilidad es mayor y se permite la ocupación de naves industriales.
Impacto social y debate
Expertos del sector, como Susana Rodríguez de Savills, sostienen que estos alojamientos no son vivienda, pues están pensados para perfiles “intermedios” que no pueden acceder a una residencia permanente. No obstante, la escasez de casas asequibles obliga a que muchos aspirantes al mercado tradicional recurran a estas soluciones temporales, elevando la demanda y los precios en zonas ya tensionadas.
La falta de una legislación clara deja a los inversores con la posibilidad de multiplicar la oferta y los ingresos, mientras que los ciudadanos se encuentran con un acceso más costoso a la morada. La discusión sobre si los colivings deben considerarse vivienda o uso comercial sigue abierta, y las decisiones que se tomen en los próximos meses determinarán el rumbo del alquiler urbano en España.