Un gesto de memoria urbana en el corazón del Eixample
El Ayuntamiento de Barcelona ha colocado una discreta losa conmemorativa frente al número 665 de la Gran Via de les Corts Catalanes, el punto exacto donde el arquitecto Antoni Gaudí fue atropellado por un tranvía en 1926. La iniciativa, impulsada por vecinos del distrito, transforma un tramo de acera en un espacio de reflexión y recuerda una tragedia que durante cien años quedó escrita solo en la tradición oral de la ciudad.
El fatídico trayecto del 7 de junio de 1926
A las seis de la tarde de aquel día, Gaudí abandonó la Sagrada Família para asistir a la misa vespertina en la iglesia de Sant Felip Neri, en el Barrio Gótico. Portaba un ejemplar de los evangelios y, según algunas crónicas, un número del diario ‘La Veu de Catalunya’. Su caminata diaria, casi monástica, era un momento de devoción y meditación, y los barceloneses podían reconocer la hora simplemente al verle pasar.
Una ciudad que se modernizaba a gran velocidad
La expansión del tráfico urbano había convertido las avenidas del Eixample en corredores de gran afluencia. Al intentar cruzar la Gran Via entre las calles de Girona y Bailén, el arquitecto frenó para evitar un primer tranvía y retrocedió, sin percibir la llegada de otro vehículo de la línea 30 que venía en sentido contrario. El impacto fue letal; el cuerpo de Gaudí cayó al pavimento mientras sus pertenencias volaban al aire.
Reacciones y testimonios de la época
Los presentes describieron la escena con horror: cuatro conductores pasaron de largo sin detenerse, confundidos por la vestimenta humilde del genio, que llevaba ropas sujetas con imperdibles y una apariencia que podía ser confundida con la de un mendigo. El hombre que estaba erigiendo el templo más ambicioso del mundo terminó sus últimos instantes en la calle, rodeado de una indiferencia que contrastaba con su legado inmortal.
Una placa que invita a la reflexión
La losa, colocada justo en el punto de la tragedia, invita a los peatones a detenerse, observar y recordar. El acto de inauguración reunió a vecinos, autoridades locales y representantes de poblaciones vinculadas a la vida de Gaudí, como Riudoms y la Pobla de Lillet. De este modo, Barcelona recupera un rincón olvidado de su historia y le brinda a la ciudadanía la oportunidad de conectar con el pasado de una manera tangible.
Con esta intervención, la ciudad no solo honra al creador de la Sagrada Família, sino que también subraya la importancia de la seguridad vial y el respeto al peatón en espacios urbanos cada vez más concurridos.