Introducción
Un sencillo cabezazo en un partido de fútbol amateur puede parecer inocente, pero un reciente estudio del Amsterdam UMC muestra que ya después de dos o tres impactos se observan cambios medibles en biomarcadores que indican daño cerebral agudo.
Diseño del estudio
Los investigadores monitorizaron a 302 jugadores masculinos durante once partidos de la temporada 2024‑2025. Cada participante fue equipado con sensores y monitores de frecuencia cardíaca para distinguir los efectos del esfuerzo físico de los provocados por los contactos craneales. Se tomaron muestras de sangre antes y después de cada encuentro, excluyendo a los que sufrieran una conmoción cerebral.
Frecuencia y fuerza de los cabezazos
En promedio, cada futbolista realizó dos cabezazos por partido. Casi la mitad experimentó al menos un golpe fuerte, definido como un balón que llegó desde más de veinte metros de distancia. La intensidad y el número de impactos se correlacionaron directamente con la elevación de dos biomarcadores clave: S100B y p‑tau217.
Biomarcadores y su significado
El aumento de S100B indica activación o daño de las células gliales de apoyo, mientras que p‑tau217 está vinculado a la degradación de los axones y a procesos patológicos observados en la enfermedad de Alzheimer. Notablemente, los valores de ambos marcadores crecieron tras apenas dos o tres cabezazos, evidenciando una reacción biológica rápida.
Recuperación parcial
Las concentraciones elevadas desaparecieron en el plazo de 24 a 48 horas, lo que sugiere una normalización en sangre. Sin embargo, los autores advierten que la normalización de biomarcadores no equivale a una reparación completa del tejido cerebral; los procesos subyacentes podrían persistir y acumularse con el tiempo.
Implicaciones a largo plazo
Los hallazgos refuerzan preocupaciones previas sobre la relación entre cabezazos repetidos y trastornos neurodegenerativos, como demencia y esclerosis lateral amiotrófica, observados con mayor frecuencia en ex‑jugadores profesionales, en especial defensas. La evidencia ahora muestra que incluso los jugadores amateur pueden iniciar una ruta biológica de daño tras pocos impactos.
Recomendaciones para la práctica deportiva
Se plantea la necesidad de revisar protocolos de entrenamiento y competición, incorporando limitaciones al número de cabezazos y fomentando técnicas de juego que reduzcan la exposición a impactos duros. Además, el monitoreo de biomarcadores podría convertirse en una herramienta preventiva para detectar lesiones incipientes.