Introducción
En el vasto Atlántico, gran parte del océano permanece invisible para los instrumentos tradicionales. Satélites solo capturan la superficie y las boyas Argo se alejan de las zonas turbulentas que los modelos climáticos necesitan con urgencia. Un estudio reciente ha demostrado que diecinueve tiburones equipados con transmisores pueden llenar ese vacío, aportando datos de profundidad y temperatura que mejoran considerablemente las predicciones.
El vacío de datos en la superficie y el subsuelo
Los satélites proporcionan imágenes de alta resolución, pero su visión se limita a la capa superior del mar, donde la nubosidad y la reflexión solar distorsionan la información. Por otro lado, las boyas de Argo flotan pasivamente y tienden a ser expulsadas de frentes y corrientes fuertes, justo donde los modelos presentan mayores incertidumbres. Esta falta de observaciones en los “frentes oceánicos” genera errores sustanciales al pronosticar la temperatura del agua cerca de las costas, lo que repercute en la planificación de defensas costeras y en la gestión de pesquerías.
Los tiburones como estaciones de medida vivientes
Un equipo conjunto de la Universidad de Miami y el Woods Hole Oceanographic Institution colocó transmisores SPLASH‑10 en dieciocho tiburones azul y en un tiburón mako de aleta corta. Cada etiqueta registra la temperatura con una precisión de 0,1 °C y la profundidad con una resolución de 0,5 m, enviando los datos casi en tiempo real vía satélite. Durante varios meses, los depredadores recorrían cuatro regiones oceanográficas —desde la plataforma continental hasta la Sargazo— recolectando más de 8 200 perfiles, alcanzando profundidades cercanas a los 2 000 m.
Comparativa con los sistemas tradicionales
Cuando se comparó la información obtenida por los tiburones con la del conjunto completo de boyas Argo en la misma zona, los resultados fueron sorprendentes: los peces lograron casi el doble de cobertura de datos útiles. “Los tiburones se sienten atraídos por los bordes dinámicos, como frentes y vórtices, precisamente donde los modelos carecen de observaciones”, explicó el investigador Ben Kirtman. Esta afinidad natural convierte a los tiburones en instrumentos biológicos excepcionales.
Impacto en la precisión de los modelos climáticos
Los científicos incorporaron 1 300 perfiles seleccionados al modelo de la NOAA. En la costa continental, el error medio de la predicción de la temperatura del agua disminuyó en un 43 % durante noviembre y en un 33 % en diciembre. Estas reducciones superaron la variabilidad interna habitual del modelo, indicando que no se trató de simples fluctuaciones aleatorias. Además, los beneficios perduraron semanas o meses después de la inserción de los datos, demostrando que los tiburones influyeron en la evolución posterior del modelo y no solo en su estado inicial.