El sueño bajo presión en la sociedad actual

En los últimos años la calidad del sueño ha mostrado una tendencia a la baja, pese a la creciente difusión de su relevancia para la salud. Según la Sociedad Española de Neurología, casi la mitad de los adultos en España no disfruta de un descanso reparador y más de cuatro millones padecen trastornos crónicos del sueño. Entre ellos, los desórdenes del ritmo circadiano aparecen como los más prevalentes, aunque a menudo pasan desapercibidos por la comunidad médica.

¿Qué es el ritmo circadiano?

El ritmo circadiano es un reloj biológico interno situado en el núcleo supraquiasmático del hipotálamo. Cada 24 horas regula funciones esenciales como la temperatura corporal, la liberación hormonal y los ciclos de sueño‑vigilia. Su sincronizador principal es la luz solar, la cual alinea el organismo con el alternar día‑noche. Cuando este compás interno se desincroniza con el entorno, emergen los trastornos circadianos.

Desajustes entre biología y exigencias externas

El desajuste se produce cuando las demandas sociales –horarios laborales, actividades nocturnas, exposición a pantallas‑ chocan contra el reloj interno. El resultado es un desfase que altera tanto el sueño como el desempeño diurno: insomnio, somnolencia excesiva, fatiga que no se alivia con el reposo, dificultades de concentración, sensación de “niebla mental” y cambios de humor como irritabilidad o bajo ánimo.

El papel del cronotipo

Cada individuo posee un cronotipo, es decir, una inclinación biológica a estar más activo en determinados momentos. Los perfiles clásicos son alondra (más productivo por la mañana), búho (rinde mejor por la noche) y colibrí (intermedio). Estos patrones, aunque influidos genéticamente, evolucionan con la edad: la niñez favorece la mañana, la adolescencia el turno nocturno y la adultez avanzada vuelve a la preferencia matutina.

Estrategias para reencontrar la armonía

La experta Adriana Gómez Domínguez, encargada de la Jornada del Sueño del Hospital Universitario Infanta Elena, propone varios consejos prácticos. El control estricto de la exposición a la luz es fundamental: buscar luz natural durante la mañana y limitar la luz azul de dispositivos electrónicos al caer la tarde. Además, mantener horarios regulares para acostarse y levantarse ayuda a reforzar la señal del reloj interno. Otros hábitos recomendados incluyen evitar comidas copiosas o estimulantes antes de dormir, crear un ambiente oscuro y silencioso en la habitación y practicar actividades relajantes como la meditación o la lectura ligera.

Identificar un posible trastorno circadiano a tiempo permite una intervención temprana y reduce el riesgo de complicaciones crónicas. Por ello, la concienciación y la detección precoz se presentan como piezas clave para mejorar la salud colectiva.

Source: https://www.eldiario.es/edcreativo/diario-salud/conflicto-necesitamos-descansar-recibimos-entorno_1_13169403.html

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