¿Afecta la soledad al deterioro de la memoria?
La soledad ha sido señalada durante años como uno de los principales problemas de salud pública, asociada a menor calidad de vida y a una reducción de la esperanza de vida. Sin embargo, un reciente estudio europeo ha matizado esta visión, demostrando que, aunque la soledad se relaciona con un peor rendimiento inicial en pruebas de memoria, no acelera la pérdida cognitiva a lo largo del tiempo.
Un estudio europeo de gran escala
Investigadores de la Universidad del Rosario, la Universitat de València y el Instituto Karolinska analizaron datos de la cohorte SHARE (Survey of Health, Ageing and Retirement in Europe), que sigue a más de 10.000 personas mayores de 50 años entre 2012 y 2019. Los participantes provinieron de países como Alemania, España, Suecia y Eslovenia, y se les evaluó en tres dimensiones de soledad: sensación de falta de compañía, exclusión social e aislamiento percibido.
Resultados principales
Los resultados mostraron que los individuos que se declararon “muy solos” obtuvieron puntuaciones más bajas en las pruebas de recuerdo inmediato y diferido de palabras al inicio del estudio. Esta diferencia persistió en la línea de base, indicando que la soledad está vinculada a una capacidad de memoria ya comprometida. No obstante, al observar la evolución durante los siete años de seguimiento, la velocidad de deterioro fue prácticamente idéntica entre los grupos solos y no solos.
En palabras de Luis Carlos Venegas‑Sanabria, autor principal, “la soledad influye de forma importante en el nivel inicial de la memoria, pero no parece ser un factor que acelere su declive”. Esto sugiere que la soledad actúa más como un factor estabilizador de la capacidad cognitiva que como un motor de deterioro acelerado.
Implicaciones para la salud pública
Desde la perspectiva de la política sanitaria, estos hallazgos son relevantes. Aunque la soledad sigue siendo una variable que afecta negativamente al bienestar emocional y físico, su rol como factor de riesgo directo para la progresión rápida de la demencia queda cuestionado. Por lo tanto, las intervenciones centradas exclusivamente en reducir la soledad podrían mejorar la calidad de vida sin necesariamente modificar la trayectoria de la pérdida cognitiva.
Variaciones geográficas
Un dato destacado del estudio es la distribución de la soledad por regiones. Los adultos mayores del sur de Europa fueron los más propensos a sentirse solos (12 % en la categoría más alta), seguidos por los del este y norte de Europa, ambos con un 9 % de prevalencia. Los sujetos con mayor grado de soledad tendían a ser mayores, mayoritariamente mujeres y presentaban más comorbilidades como depresión, hipertensión y diabetes.
Conclusiones y aportes futuros
En síntesis, la investigación aporta claridad a un debate que había generado resultados contradictorios. La soledad no es una variable que acelere el deterioro de la memoria, pero sí está asociada a un estado cognitivo más bajo al iniciar la vida adulta mayor. Futuras investigaciones podrían explorar si cambios en el nivel de soledad a lo largo de los años modifican la trayectoria cognitiva, ya que el presente estudio trató la soledad como un factor estático.
En última instancia, abordar la soledad sigue siendo una prioridad para mejorar el bienestar general de la población envejecida, aunque su impacto directo sobre la velocidad del declive cognitivo parezca limitado.
Source: https://scientias.nl/leidt-eenzaamheid-wel-echt-tot-een-snellere-achteruitgang-van-je-geheugen/