Contexto del proceso
El Tribunal Supremo está juzgando al exministro de Transportes, José Luis Ábalos, bajo la acusación de haber favorecido contratos públicos a cambio de prebendas. En la primera audiencia, el foco se desplazó al testimonio de su hijo, Víctor Ábalos, quien fue citado como presunto “custodio” de los recursos que la supuesta trama habría destinado al político.
Víctor Ábalos y los movimientos de dinero
El joven admitió haber transferido entre 2022 y 2024 la suma de 23 379,10 euros a las cuentas de su padre, pero sostuvo que la mayor parte, unos 20 000 euros, correspondía a un préstamo personal documentado mediante contrato público y trazabilidad bancaria. Según su versión, “nada opaco” y todo provino de sus propios ingresos. Además, reveló que una de sus sociedades pagó a José Luis Ábalos 32 640 euros en concepto de alquiler de una vivienda en Madrid durante 2021‑2022.
El mito del “café” como código secreto
En la investigación la palabra “café” había sido señalada como posible clave para conversaciones protegidas entre Víctor y Koldo García. Durante el interrogatorio, el hijo de Ábalos descartó esa hipótesis, explicando que la expresión hacía referencia al café que él traía desde Colombia, donde había desarrollado parte de su carrera profesional.
El lujoso piso de la Castellana
Otro punto polémico fue el uso de un apartamento en el Paseo de la Castellana, valorado en 1,9 millones de euros y propiedad del comisionista Aldama. Según la fiscalía, el inmueble funcionaba como garantía para Ábalos en caso de que fallaran los acuerdos ilícitos. Aldama había firmado un contrato de alquiler con opción de compra que fijaba una renta anual de 30 000 euros y un precio de adquisición de 750 000 euros. Tanto el exministro como su hijo sostuvieron que se trató de una “estafa” y que la vivienda nunca fue ocupada ni se pagó alquiler.
Otros testimonios que complican la trama
Joseba García, hermano de Koldo García, optó por no responder a preguntas de la Fiscalía y solo contestó a su abogada. Declaró que, aunque no era jefe de Jésica Rodríguez (ex pareja de Ábalos), la conocía como “buena compañera”. Su versión contrasta con la confesión de Rodríguez, quien admitió haber recibido más de 43 000 euros en salarios públicos sin ejercer ninguna actividad laboral sustancial.
García también relató gestiones personales que había realizado para Rodríguez, como el llenado de partes administrativos, el uso de cheques gourmet o incluso el cuidado de su gato durante un viaje.
El testimonio de Víctor Ábalos, aunque puntual en negar la custodia del dinero y la existencia de códigos secretos, abre nuevas preguntas sobre la dinámica financiera entre la familia Ábalos y los supuestos beneficiarios de la trama de corrupción.