Un estudio finlandés que cambia la visión del cronotipo

Una investigación llevada a cabo por la Universidad de Oulu, en el norte de Finlandia, siguió a casi 5.700 trabajadores durante doce años. Los participantes, nacidos en 1966, completaron en 2012 un cuestionario que indagaba sobre su facilidad para levantarse por la mañana y el momento del día en que se sentían más productivos. Con base en esas respuestas, los científicos los clasificaron como personas matutinas, vespertinas o intermedias, definiendo su "cronotipo" personal.

Metodología y hallazgos principales

Los resultados mostraron que aproximadamente 1 de cada 10 hombres y 1 de cada 8 mujeres se identificaron como noctámbulos pronunciados. Al consultar los registros gubernamentales, se descubrió que, al término de 2023, los noctámbulos tenían una probabilidad 1,7 veces mayor de recibir una pensión por incapacidad laboral en comparación con sus contrapartes matutinas. En cifras concretas, el 8% de los hombres noctámbulos y el 12% de las mujeres noctámbulas dejaron de trabajar por motivos de salud, frente al 5% y 7% respectivamente de los que seguían un ritmo matutino.

¿Por qué el ritmo nocturno afecta la salud?

El estudio descartó que la diferencia se debiera a nivel educativo, ingresos o tipo de empleo. En cambio, la salud emergió como el factor decisivo. Los noctámbulos reportaron peor calidad de sueño y menor actividad física. Casi la mitad de los hombres noctámbulos ya a los 46 años describían su estado de salud como deficiente. Cuando los investigadores ajustaron los datos por estas variables, la brecha entre cronotipos se redujo significativamente, indicando que el deterioro de la salud es el vínculo clave.

El especialista en sueño Johan Verbraecken explicó que la sociedad moderna impone horarios tempranos, lo que obliga a los noctámbulos a dormir menos de lo necesario. La falta de sueño está asociada con mayor riesgo de enfermedades cardiovasculares, diabetes y obesidad, afecciones que a su vez aumentan la probabilidad de ausentarse del trabajo por incapacidad.

Diferencia entre ser noctámbulo y simplemente acostarse tarde

La cronobióloga Marijke Gordijn puntualizó que no todo quien se acuesta tarde es un noctámbulo auténtico. Un verdadero noctámbulo tiene dificultades para conciliar el sueño temprano y, aun así, mantiene un patrón de descanso que le permite sentirse descansado. En cambio, quienes simplemente retrasan su hora de acostarse por elección pueden acumular déficit de sueño y desajustar su reloj biológico, lo que genera problemas de adaptación al ritmo laboral.

Estrategias para mitigar el impacto

Gordijn recomienda limitar la diferencia entre el horario de sueño de los días laborables y los libres a no más de una hora. Además, sugiere exponerse a la luz natural durante al menos media hora al despertar, trabajar cerca de una ventana o usar iluminación adecuada durante el día, y reducir la intensidad lumínica en las tres horas previas a acostarse, evitando pantallas electrónicas.

Los empleadores también pueden contribuir ajustando la planificación de turnos, ofreciendo horarios flexibles y fomentando pausas para la exposición a la luz. Estas medidas ayudarían a alinear mejor los ritmos circadianos de los trabajadores con las exigencias del entorno laboral, reduciendo el riesgo de deterioro de la salud y, por ende, de incapacidad.

En conclusión, el cronotipo nocturno no es una enfermedad per se, pero cuando se combina con déficit de sueño y hábitos poco saludables, se convierte en un factor de riesgo importante para la salud a largo plazo y la capacidad de mantenerse activo en el trabajo.

Source: https://scientias.nl/nachtuilen-raken-vaker-arbeidsongeschikt-je-lichaam-is-nooit-voorbereid-op-wat-er-gaat-komen/

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