El dilema de los currículos asistidos por IA

Imagina dos aspirantes con experiencia, habilidades y trayectoria prácticamente idénticas. La única diferencia es que uno redactó su CV de forma tradicional, mientras que el otro lo pulió con una herramienta de inteligencia artificial. ¿Quién tiene más posibilidades de pasar al siguiente filtro?

Los algoritmos no son neutrales

Según el estudio del Future for Work Institute, los sistemas de selección automatizada tienden a favorecer textos que se asemejan a los patrones lingüísticos con los que fueron entrenados. En Galicia, por ejemplo, la expresión “xente con xente” simboliza la afinidad; de manera similar, la IA busca “a los suyos” reconociendo el estilo, no el talento.

Datos que confirman el sesgo

Una investigación de la Universidad de California analizó 2.245 currículos reescritos por modelos como GPT‑4o, LLaMA y DeepSeek. Los evaluadores algorítmicos prefirieron sistemáticamente los documentos “hechos por máquina”, con una ventaja que oscila entre el 67 % y el 82 % según el sistema utilizado.

Curiosamente, los propios modelos de IA muestran una preferencia aún mayor por los textos etiquetados como “humanos”. Cuando se les indica que el documento proviene de una persona, su sesgo aumenta en 34 puntos porcentuales, superando al de los reclutadores humanos, que apenas alcanzan los 13,7 puntos.

Una nueva brecha en el mercado laboral

El fenómeno no solo revela un sesgo técnico, sino que crea una nueva desigualdad: el dominio de la herramienta adecuada para generar un CV atractivo para otra herramienta. Aquellos que aprenden a usar la IA en la escuela pueden obtener una ventaja competitiva antes incluso de enfrentarse a una entrevista.

Lo que inicialmente se presentó como una democratización del acceso al empleo corre el riesgo de convertirse en una barrera más profunda, si no se establecen normas claras y se brinda formación adecuada a los estudiantes.

¿Qué podemos hacer?

Las instituciones educativas deben incorporar la alfabetización en IA dentro de sus planes de estudio, no solo para evitar el rechazo a la tecnología, sino para enseñar a los futuros profesionales a utilizarla de forma ética y eficaz. Asimismo, las empresas deben revisar sus procesos de selección, garantizando transparencia y evitando que sus algoritmos reproduzcan inequidades.

En última instancia, la responsabilidad recae tanto en los desarrolladores de IA como en los empleadores y en los propios candidatos, quienes deben ser conscientes de que la forma en que presentan su experiencia puede ser tan determinante como la experiencia misma.

Source: https://www.eldiario.es/opinion/xente-xente-ia-ia_129_13434870.html

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