La noche que selló el destino de las Trece Rosas

El 5 de agosto de 1939, bajo la tenue luz de la madrugada, una funcionaria de la cárcel de Ventas, en Madrid, abrió la puerta de la galería de menores y anunció los nombres de tres internas: Martina Barroso, Victoria Muñoz y Ana López Gallego. Aquellas mujeres sabían que el amanecer las llevaría al cementerio del Este, donde serían fusiladas junto a decenas de hombres y otras mujeres. El episodio quedó inmortalizado bajo el nombre de "las Trece Rosas", un grupo de militantes de la Juventud Socialista Unificada (JSU) ejecutado por el régimen franquista.

Testimonios que emergen de la sombra

Durante décadas, la dictadura intentó silenciar cualquier recuerdo de aquel hecho. Sin embargo, dentro de los muros de la prisión, una "memoria subterránea" se mantuvo viva gracias a las voces de las compañeras de celda. Historias transmitidas oralmente, cargadas de detalles íntimos, lograron sobrevivir al olvido. Hoy, el historiador Fernando Hernández Holgado ha reunido esas narraciones, revelando una crónica conmovedora y estremecedora.

Una de las testigos, la comunista Carmen Machado, describió cómo Ana López Gallego, conocida como Anita, se levantó al percibir la llegada de la funcionaria y, con serenidad, alertó al resto: "No, no llame a las otras, ya las llamo yo". En ese instante, la joven recordó la muerte reciente del hermano de Victoria Muñoz, exclamando con dolor: "¡Pobrecilla, mi madre!".

Los últimos momentos antes del fusilamiento

Josefina Amalia Villa, enfermera del Partido Comunista, también estuvo presente y relató que las tres jóvenes fueron vestidas con la ayuda de sus compañeras, mientras sus propias manos temblaban más que las de las internas. Anita, antes de ser conducida al patio, preguntó con voz baja y serena: "¿Llevo las medias derechas?". La respuesta fue afirmativa, pero la pregunta quedó como un eco de humanidad en medio del horror.

Tomasa Cuevas, otra expresaria de Ventas que recopiló testimonios en los años ochenta, describió a Martina como una muchacha de "hermoso pelo rizado y tez descolorida". Según su relato, Anita pasó la noche cosiendo junto a otras internas, intentando mantenerse despierta para no ser sorprendida dormida cuando la sacaran.

De la transmisión oral a la escritura formal

Estos recuerdos permanecieron en la memoria colectiva de las mujeres encarceladas hasta que, a partir de 1978, comenzaron a plasmarse en documentos escritos durante la Transición. Hernández Holgado destaca que la "memoria subterránea" se consolidó en textos que hoy permiten reconstruir con precisión los últimos instantes de las Trece Rosas, desmitificando la visión romántica y simplista que a menudo se ha impuesto sobre su figura.

El relato de estas mujeres no solo ilumina un episodio trágico de la historia española, sino que también subraya la resistencia silenciosa de quienes, aun bajo la opresión, mantuvieron viva la llama del recuerdo. Sus voces, ahora escuchadas, invitan a reflexionar sobre la importancia de preservar la historia desde la perspectiva de quienes la vivieron.

Source: https://www.eldiario.es/sociedad/ultima-noche-trece-rosas-fusiladas-vistieron-ayudadas-manos-temblaban_1_13427164.html