El verano y el desajuste del ritmo circadiano
Durante los meses cálidos, la ausencia de horarios rígidos y la abundancia de luz nocturna hacen que muchas personas retrasen su hora de acostarse y, en consecuencia, se levanten a media tarde. Este patrón, aunque tentador, genera un desfase comparable al jet‑lag de varios husos horarios, aunque no se haya viajado. Al regresar a la rutina laboral en septiembre, el cuerpo aún no ha ajustado su reloj interno, provocando insomnio de conciliación, cansancio diurno y dificultad para concentrarse.
Factores que alteran nuestro reloj interno
El cambio de temperatura, la exposición prolongada a la luz artificial, las comidas tardías, el consumo de alcohol o cafeína, las siestas prolongadas y los desplazamientos a diferentes dormitorios son algunos de los elementos que perturban el equilibrio circadiano. La doctora Rybel Wix señala que la melatonina, la hormona responsable de iniciar el sueño, solo se libera cuando la oscuridad es suficiente; por ello, la luz brillante hasta las diez de la noche impide su producción adecuada.
Ventajas de despertarse con la luz del sol
El amanecer, por el contrario, actúa como el sincronizador más potente del organismo. La luz solar matutina estimula el núcleo supraquiasmático del hipotálamo, el “reloj maestro” que regula los ritmos de vigilia, alimentación y descanso. Estudios recientes demuestran que la exposición a la luz antes de las diez de la mañana está asociada a una mayor calidad del sueño y a una regulación más estable del punto medio del ciclo sueño‑vigilia.
Cómo aprovechar la luz matutina
Para transformar las vacaciones en una oportunidad de alineación biológica, basta con abrir las cortinas al despertar, salir al exterior durante los primeros minutos de luz y evitar pantallas brillantes hasta que el sol haya alcanzado su punto máximo. Además, reducir la exposición a luces artificiales después de la puesta del sol y crear un ambiente oscuro en el dormitorio favorece la liberación de melatonina.
Adoptar estos hábitos permite llegar al otoño con un ritmo circadiano más estable, reduciendo la irritabilidad y mejorando la productividad en el trabajo. En definitiva, el verano no tiene por qué ser sinónimo de desorden interno; basta con dejar que el sol de la mañana marque el compás de nuestras jornadas.
Source: https://www.eldiario.es/era/sol-verano-madrugar-cueste-vida-invierno_1_13413425.html