El fútbol como punto de encuentro en la plaza
Mientras la cuenta regresiva avanza y la final del Mundial se acerca, la autora reflexiona sobre los valores intangibles que el fútbol aporta a las plazas de los pueblos. En esos espacios abiertos, el deporte se vuelve un catalizador de convivencia: extraños se convierten en compañeros de charla, la diferencia se diluye y la emoción compartida crea lazos inesperados. La autora describe cómo, a 36 horas del partido, se prepara para observar a España desde la plaza de su pueblo de adopción, no solo por la pasión deportiva, sino porque allí el fútbol se transforma en una experiencia social accesible y barata.
Un ritual de orgullo nacional
El espectáculo de la Roja en la final se vuelve, para muchos, un símbolo de identidad y éxito colectivo. La autora señala que, a través del nacionalismo deportivo, se puede disfrutar del trabajo de otros sin gran esfuerzo, y que cada gol se celebra como una victoria personal y colectiva. Además, menciona que, a diferencia de los grandes proyectos de vida como escribir un libro o criar hijos, ver un partido es una satisfacción inmediata y económica, una forma de comprar alegría a precio de saldo.
Crítica a la gestión de FIFA y a Infantino
El texto no escapa a la denuncia de los problemas estructurales del fútbol global. Gianni Infantino, presidente de la FIFA, es acusado de alejarse de la esencia de la plaza, convirtiendo la organización en un ente personalista y comercial. La decisión de retirar una tarjeta roja a petición de Trump, la venta de entradas a precios exorbitantes y la introducción de pausas de hidratación son citados como ejemplos de cómo se vulneran los principios de igualdad y neutralidad que sustentan la emoción del juego. La autora advierte que la pérdida de confianza en los árbitros y en la imparcialidad de la FIFA puede transformar la alegría de la plaza en frustración.
El futuro del deporte y la comunidad
En medio de incertidumbres políticas, laborales y sociales, la autora subraya la importancia de las redes de apoyo que se tejen en torno al fútbol de plaza. Estos lazos, construidos con vecinos y desconocidos, pueden servir de refugio cuando los terremotos sociales golpeen. Finalmente, la ironía histórica se hace presente: noventa años después del inicio de la Guerra Civil, la Roja vuelve a asociarse con la idea de éxito y con la propia España, convirtiendo la final en un triunfo simbólico más allá del marcador.
Source: https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/no-sea-futbol-plaza_129_13390519.html