Introducción

Un grupo diminuto de lagartos italianos (Podarcis muralis) llegó a Ohio en los años cincuenta y, con el tiempo, se convirtió en una multitud que hoy se cuenta en cientos de miles, o incluso millones, en la zona de Cincinnati. Este fenómeno, que a simple vista parece una invasión trivial, ha despertado el interés de ecólogos y genetistas que buscan entender cómo una población tan reducida logró prosperar sin caer en los efectos negativos de la endogamia.

Orígenes de la población

Según los relatos, un joven transportó aproximadamente diez ejemplares desde el norte de Italia hasta Ohio después de unas vacaciones. Los animales fueron liberados, intencionadamente o no, en los alrededores de Cincinnati. A partir de ese pequeño núcleo, la especie empezó a reproducirse rápidamente, aumentando su número de forma exponencial a lo largo de las décadas siguientes.

Cuello de botella genético y solución rápida

Los investigadores de la Universidad Estatal de Ohio analizaron el ADN de lagartos provenientes de Italia, de Cincinnati y de una población menor en Columbus. Los resultados revelaron que la población de Cincinnati sufrió un “cuello de botella” genético: una fase en la que la variabilidad genética disminuyó dramáticamente debido al bajo número inicial de individuos. Sin embargo, la especie compensó esa pérdida gracias a una tasa de reproducción extremadamente alta, lo que permitió la introducción de mutaciones nuevas y la recombinación de alelos, mitigando los efectos perjudiciales de la consanguinidad.

Importancia de la fecundidad

El estudio destaca que la capacidad de reproducirse rápidamente es un factor crítico para que una especie invasora supere las limitaciones genéticas iniciales. En ausencia de esta ventaja, la mayoría de los grupos fundadores tienden a desaparecer o a presentar problemas de salud y viabilidad.

Factores ambientales favorables

Otro elemento clave fue la similitud climática entre Milán y Cincinnati. A pesar de las diferencias geográficas, ambos entornos comparten temperaturas moderadas y una arquitectura urbana que ofrece abundantes refugios: paredes de ladrillo, grietas y jardines. Además, la ausencia de depredadores o competidores directos en la zona permitió que los lagartos colonizaran sin resistencia significativa.

Preferencia por el entorno urbano

Curiosamente, la mayor parte de la población se concentra dentro de la ciudad. Los científicos observaron que, a diferencia de otras especies invasoras, estos lagartos no se dispersan rápidamente hacia áreas rurales. Parece que la estructura urbana les brinda condiciones óptimas de alimento y refugio, creando una especie de vínculo ecológico con el entorno construido.

Cambios conductuales y adaptaciones genéticas

El análisis genético reveló diferencias en genes asociados al comportamiento entre los lagartos italianos y sus descendientes en Cincinnati. Esto sugiere una adaptación evolutiva al estilo de vida urbano, posiblemente manifestada en patrones de actividad diurna, tolerancia al ruido y selección de microhábitats dentro de la ciudad.

Conclusiones

El caso de los lagartos italianos en Cincinnati ilustra cómo la combinación de una alta fecundidad, un clima compatible y la falta de competidores puede permitir a una especie invasora superar un cuello de botella genético y establecerse con éxito en un nuevo hábitat. Estos hallazgos aportan valiosa información para la gestión de especies invasoras y subrayan la influencia que los entornos urbanos pueden ejercer sobre la evolución rápida de los organismos.

Source: https://scientias.nl/waarom-cincinnati-nu-vol-zit-met-italiaanse-muurhagedissen/

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