Historia y origen del santuario

Enclavada entre los picos de los Montes Aquilianos, la iglesia de Santiago de Peñalba se alza como uno de los testigos más fieles del espiritualismo anacoreta que marcó el Valle del Silencio en el siglo X. Según los documentos de la época, el abad Salomón concluyó la edificación en el año 937 bajo el reinado de Ramiro II, cuando la zona servía de refugio a monjes y eremitas que buscaban la soledad contemplativa. La fundación del monasterio por San Genadio transformó el paraje en un núcleo de devoción que, aunque desapareció con el paso de los siglos, dejó como único legado la iglesia actual, declarada Monumento Nacional en 1931.

Una arquitectura sin precedentes

El edificio se destaca por una planta de cruz latina muy singular, con una única nave dividida en dos tramos que se abre a la luz del entorno montañoso. Lo más llamativo es la presencia de dos ábsides contrapuestos, posición que rara vez se encuentra en la arquitectura peninsular. El ábside oriental adopta la típica forma de herradura, mientras que el occidental se aproxima a una media punto peraltado, albergando una cámara funeraria. Esta disposición sugiere influencias litúrgicas de raíz norteafricana y reminiscencias de modelos visigodos o incluso germánicos.

Materiales y técnicas constructivas

Los muros están levantados con mampostería de pizarra local, material que contrasta con la compleja geometría interior. Los arcos de herradura, de gran porte, marcan la jerarquía de los espacios y crean una sensación de firmeza estructural. En el cruce de la nave, un majestuoso arco triunfal dirige la vista hacia el presbiterio, que se eleva como el corazón arquitectónico del templo. Las bóvedas de cascos o gallonadas, particularmente la del crucero, liberan a los muros de cargas verticales, demostrando una maestría constructiva adelantada a su tiempo.

El arte que cubre sus muros

El interior conserva fragmentos de frescos califales que, en su momento, cubrían la mayor parte de los paramentos. Los pigmentos revelan motivos vegetales y geométricos, así como simulacros de ladrillo sobre los arcos, indicando una fusión estética entre tradiciones cristianas y herencias islámicas. En el coro, se encuentran grabados en estuco que representan figuras humanas y animales; entre ellos destaca un elefante, símbolo de la admiración europea por la criatura que Carlomagno recibió como regalo, y que brinda una ventana a la vida cotidiana de los monjes.

Detalles del exterior

El exterior, aunque sobrio, guarda una portada abierta en el muro meridional que constituye una verdadera obra de arte. Un doble arco de herradura geminado se sitúa dentro de un alfiz y descansa sobre columnas de mármol blanco coronadas por capiteles corintios. Este elemento, poco frecuente en la arquitectura leonesa, aporta una delicadeza que contrasta con la robustez de la edificación.

La iglesia de Santiago de Peñalba no solo representa una joya del arte mozárabe español, sino que también sirve como punto de referencia para comprender la evolución de la arquitectura prerrománica en la península. Su conservación excepcional permite a los visitantes experimentar la atmósfera espiritual que ha perdurado durante más de un milenio.

Source: https://www.eldiario.es/spin/inaugurada-ano-937-considerada-joyas-arquitectonicas-arte-mozarabe-prerromanico-pm_1_13220513.html

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