Contexto y propósito del estudio

El historiador Fernando Blanco Robles, a través de un exhaustivo análisis de inscripciones latinas encontradas en la península ibérica, ha puesto bajo la lupa una cuestión que ha alimentado la imaginación popular durante siglos: la magnitud real de la población esclava y libertă en la Hispania del Alto Imperio. La investigación, publicada en la revista Lucentum, se plantea contrarrestar los números inflados que suelen citarse en obras divulgativas y académicas tradicionales.

Metodología y fuentes empleadas

Blanco Robles partió de un conjunto de 230 individuos identificados explícitamente como esclavos en epígrafes y tablillas latinas. Aunque la muestra no representa la totalidad de la demografía de la región, permite establecer patrones comparativos con datos de otras provincias del Imperio. El autor complementó esta base con registros de libertos, casos de nacidos en hogares serviles (vernae) y testimonios de procesos judiciales que involucraban a personas cautivas.

Resultados cuantitativos

El cálculo más revelador muestra que, durante el Alto Imperio, esclavos y libertos constituían aproximadamente el 9 % de la población total de la Hispania, cifra que se sitúa por debajo de los estimados tradicionales del 10‑20 %. Con una población estimada de 4,2 millones de habitantes, se traduce en entre 200.000 y 400.000 personas en condición servil, con un rango más probable de 300.000‑350.000 esclavos y unos 105.000 libertos.

El desglose de género indica que el 64 % de los esclavos eran varones, mientras que el 36 % correspondía a mujeres. Esta distribución refleja la preponderancia de tareas agrícolas y productivas asignadas mayoritariamente a los hombres. La esperanza de vida del grupo servil rondaba los 30 años, similar a la de la población libre, y no se observó una mortalidad infantil desproporcionada.

Origen de los esclavos

Contrario a la creencia extendida de que la mayoría provenía de nacimientos en hogares esclavizados (vernae), solo el 16 % de los casos documentados pertenece a esta categoría. La entrada de cautivos de guerra fue significativa entre 297 y 167 a.C., pero su aporte decayó con la estabilidad imperial. A partir de entonces, otras vías –como el comercio exterior, la piratería, sentencias penales, abandono infantil y ventas forzadas por necesidad económica– alimentaron la población esclava.

Distribución geográfica y urbana

La esclavitud no se repartió de forma homogénea. En los centros urbanos se estiman cerca de 150.000 esclavos, mientras que en el entorno rural la cifra asciende a unos 200.000. Las regiones del sur y la franja mediterránea concentran la mayor presencia servil, en contraste con Lusitania y los conventus del noroeste, donde la proporción es menor.

Repercusiones historiográficas

Al situar la Hispania dentro del marco del Imperio, el estudio de Blanco Robles coincide con revisiones recientes que han reducido los porcentajes de esclavitud a nivel italiano, situándolos por debajo del 20 % en la época de Augusto. Estas nuevas estimaciones desmontan el mito de una sociedad romana dominada por la servidumbre masiva y ofrecen una visión más equilibrada entre libres y esclavos.

En definitiva, los hallazgos plantean una reinterpretación de la estructura social de la Hispania romana, subrayando la necesidad de basar los análisis en evidencias epigráficas concretas más que en suposiciones generales.

Source: https://www.eldiario.es/spin/censos-imperio-romano-reducen-mito-hispania-poblacion-esclava-liberta-pm_1_13175521.html