Un sorprendente ritmo cardíaco en la orilla
Cuando una foca de pelaje regresa al terrón después de zambullirse profundamente, la imagen que solemos retener es la de un animal descansando placenteramente. Sin embargo, recientes investigaciones revelan que bajo esa aparente calma se desencadena una actividad fisiológica intensa que dura varias horas.
Monitoreo preciso mediante dispositivos impermeables
Un equipo internacional equipó a doce hembras de dos especies distintas – la foca de pelaje del Cabo y la foca australiana – con registradores de frecuencia cardiaca resistentes al agua, sensores de inmersión y transmisores de radio. Cada diez segundos se anotó la actividad del corazón, acumulando más de quinientos mil mediciones que permitieron comparar patrones tanto en el mar como en la costa.
Descenso drástico bajo el agua y recuperación tardía en tierra
Durante la fase subacuática, el órgano vital disminuyó su ritmo a cifras tan bajas como diez latidos por minuto en la foca del Cabo, facilitando la economía de oxígeno. En contraste, la foca australiana mantuvo una cadencia algo más estable, rondando los veinte‑treinta pulsaciones. Al emerger, el pulso aumentó de inmediato para reabastecer los niveles de oxígeno.
Lo inesperado ocurrió una vez que los mamíferos pisaron la arena: la frecuencia cardiaca no volvió a estabilizarse de forma inmediata. En lugar de ello, mostraron picos marcados que surgieron entre seis y ocho horas después de la llegada al litoral, alcanzando valores cercanos a ochenta y cuatro latidos por minuto. Tras esas crestas, el ritmo descendió gradualmente hasta adoptar un patrón propio del sueño.
¿Qué implica este fenómeno para su recuperación?
Los autores interpretan dichas elevaciones tardías como una forma de "recuperación diferida". Durante inmersiones prolongadas, el organismo prioriza al corazón y al cerebro, relegando a otros tejidos a un estado de hipoxia que favorece la acumulación de ácido láctico y la posible formación de burbujas de nitrógeno. Tradicionalmente se pensaba que la fase de reposo en la superficie bastaba para neutralizar esos efectos, pero los datos sugieren que el proceso se extiende mucho más allá, requiriendo una fase adicional de compensación una vez que el animal está en tierra.
Esta estrategia podría ofrecer ventajas evolutivas: al centrarse en la búsqueda de alimento y la evasión de depredadores durante la inmersión, la foca delega la labor de equilibrar los déficits metabólicos a un momento posterior, cuando se encuentra a salvo en la costa.
Implicaciones para la conservación y el manejo
Comprender que las áreas terrestres no son meramente zonas de descanso, sino espacios críticos para la homeostasis fisiológica, subraya la necesidad de proteger los hábitats de descanso de estas especies. Interferencias humanas o la pérdida de playas podrían obstaculizar ese proceso esencial, comprometiendo la salud a largo plazo de los individuos.
En síntesis, lo que aparenta ser una siesta bajo el sol en realidad encierra una compleja serie de ajustes internos que continúan mucho después de que el animal haya abandonado el agua. Estos hallazgos incitan a replantear nuestras percepciones sobre el comportamiento post‑inmersión de los mamíferos marinos.
Source: https://scientias.nl/pelsrobben-blijken-op-het-strand-toch-nog-volop-aan-het-werk-te-zijn/