Introducción

Un nuevo estudio publicado en Science ha puesto bajo la lupa a los tiburones y atunes, especies catalogadas como peces mesotérmicos. A diferencia de los peces de sangre fría, estos depredadores pueden mantener partes de su cuerpo a temperaturas superiores al agua circundante, lo que les brinda ventajas en velocidad y capacidad de caza.

Consumo energético desproporcionado

Los investigadores descubrieron que los mesotérmicos gastan aproximadamente 3,8 veces más energía que los peces de sangre fría de tamaño comparable. Esta cifra se traduce en una demanda de alimento mucho mayor para sostener su elevada tasa metabólica. Un incremento de 10 °C en la temperatura corporal acelera notablemente su metabolismo, obligándolos a ingerir mayores cantidades de presas para mantener el equilibrio energético.

Riesgo de sobrecalentamiento

Paralelamente al alto consumo, el gran volumen corporal de estas especies les permite retener calor, aumentando su vulnerabilidad a la sobrecarga térmica. Los modelos desarrollados por los equipos del Trinity College Dublin y la University of Pretoria indican que un tiburón de una tonelada podría experimentar problemas críticos en aguas que superen los 17 °C. Cuando la temperatura supera ese umbral, el animal debe reducir su velocidad o descender a capas más frías, pero ambas estrategias conllevan costes: menos captura de presas y desplazamiento a zonas con menor disponibilidad de alimento.

Métodos de investigación

Para estimar el gasto energético, los científicos emplearon datos de biologging: diminutos sensores que registran la temperatura interna del animal y la del entorno. Al combinar cientos de mediciones de especies pequeñas con datos de gigantes como el tiburón peregrino (hasta 3,5 t), pudieron calcular la producción y pérdida de calor en condiciones naturales, proporcionando una visión sin precedentes de la fisiología de estos depredadores.

Implicaciones ecológicas

El estudio sugiere una “doble amenaza”: por un lado, el calentamiento global desplaza a sus presas hacia aguas más frías; por otro, los propios predadores deben afrontar el riesgo de sobrecalentarse. Como respuesta, se ha observado una tendencia creciente de tiburones y atunes a migrar hacia latitudes más altas o a ocupar profundidades mayores, lo que podría reconfigurar patrones de distribución y alterar cadenas tróficas enteras.

Conclusiones

Los hallazgos subrayan la estrecha relación entre fisiología, clima y ecología marina. Si la temperatura de los océanos sigue aumentando, es probable que más especies mesotérmicas enfrenten límites térmicos críticos, reduciendo sus hábitats favorables y poniendo en peligro su supervivencia. La investigación abre la puerta a estrategias de conservación que consideren tanto la disponibilidad de alimento como los límites térmicos de los depredadores marinos.

Source: https://scientias.nl/haaien-en-tonijnen-raken-sneller-oververhit-dan-gedacht/#respond

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