El polémico informe del New York Times
Un reciente reportaje del New York Times ha reavivado una de las preguntas más candentes del mundo cripto: ¿quién es realmente Satoshi Nakamoto, el creador anónimo de Bitcoin? El periodista John Carreyrou, conocido por su papel en la caída de Theranos, presentó una investigación que combina archivos de mailing‑list de criptografía entre 1992 y 2008 con análisis impulsado por inteligencia artificial. El objetivo era detectar patrones de escritura que coincidieran con los mensajes publicados por Satoshi en los foros de la época.
El estudio reveló que el nombre más cercano a los rasgos estilísticos de Satoshi es Adam Back, un criptógrafo británico que diseñó Hashcash, el sistema de prueba de trabajo que la red Bitcoin adoptó en sus inicios. Sin embargo, Back, que hoy dirige Blockstream, una empresa enfocada en infraestructura blockchain, ha desmentido rotundamente cualquier vínculo con la identidad del fundador de la moneda digital.
¿Por qué Adam Back encaja en el perfil?
Back reúne varios criterios que hacen que muchos investigadores lo consideren un sospechoso plausible. Primero, su trabajo pionero en Hashcash mostraba una profunda comprensión de los mecanismos de “proof‑of‑work”, pieza clave del protocolo de Bitcoin. Segundo, su participación activa en comunidades cypherpunk desde los años noventa lo posiciona como uno de los primeros defensores de la privacidad, el dinero electrónico y la descentralización.
Además, la edad y la nacionalidad encajan con la descripción que Carreyrou plantea: un hombre británico de alrededor de cincuenta años, inmerso en el movimiento cypherpunk. La incongruencia de que Satoshi utilizara un seudónimo japonés sigue sin explicar, pero el profile histórico de Back no deja dudas de que su trayectoria coincide con los requerimientos técnicos y filosóficos del proyecto.
La defensa de Adam Back
Ante la publicación del artículo, Back respondió a través de la red social X (antes Twitter), describiendo la supuesta evidencia como “una combinación de coincidencias y frases similares provenientes de personas con experiencias e intereses parecidos”. En sus propias palabras, afirmaba que, aunque estuvo involucrado en la investigación temprana de e‑cash y en la creación de Hashcash, nunca participó en la redacción del libro blanco de Bitcoin ni en sus primeras implementaciones.
Back subrayó que el análisis de IA realizado por Carreyrou se basa en patrones lingüísticos que pueden ser compartidos por cualquier experto en criptografía de la época, haciendo que la correlación no implique causalidad. Según él, la coincidencia de ciertos rasgos, como la omisión de guiones en sustantivos compuestos o confusiones ocasionales entre “its” e “it’s”, no es suficiente para concluir que él sea el enigmático Satoshi.
La inteligencia artificial como herramienta investigativa
El enfoque de Carreyrou merece reconocimiento: alimentar un modelo de IA con cientos de miles de mensajes de listas de correo para detectar similitudes estilísticas es una técnica novedosa que podría abrir puertas a futuras pesquisas en otras áreas de la historia digital. No obstante, la ausencia de pruebas concluyentes —como claves privadas, registros de transacciones firmadas o testimonios directos— significa que la identidad de Satoshi sigue siendo un misterio.
En conclusión, mientras la comunidad cripto sigue debatiendo y el periodismo de investigación refina sus métodos, Adam Back permanece firme en su negación. La búsqueda del verdadero creador de Bitcoin continúa, y quizá nunca se resuelva de manera definitiva. Lo que sí está claro es que el uso de IA para comparar escritos abre una nueva frontera en la investigación digital, aunque todavía carece de la capacidad de proporcionar certezas absolutas.