Introducción

En menos de una década la red pasó de ser el escenario de la mayor ilusión tecnológica a la fuente de un desencanto generalizado. Hoy, la mayoría de los usuarios se sienten atrapados en plataformas que venden datos, explotan trabajadores y restringen la competencia, lo que ha provocado la llamada "mierdificación" de internet.

Del sueño digital al pesimismo

En sus inicios, redes como Facebook eran lugares para conectar con viejos amigos, Twitter funcionaba como una plaza pública para compartir memes y opiniones, y Amazon prometía eliminar a los intermediarios con entregas voladoras. Apple se mostraba como el epítome del diseño revolucionario, mientras que Google ofrecía búsquedas casi perfectas. La idea de que cualquiera con una buena idea podía encontrar financiación parecía una realidad al alcance de todos, y la educación digital se impulsaba como la nueva alfabetización esencial.

El giro de la narrativa

Con el tiempo, los mismos ingenieros de Silicon Valley adoptaron trajes y corbatas, alineándose con agendas políticas autoritarias y entregando sus tecnologías de vigilancia a regímenes antidemocráticos. Facebook empezó a comercializar la privacidad, Twitter se transformó en un refugio de extremismos, Amazon consolidó un monopolio que impone condiciones abusivas y explota a sus repartidores, Apple adoptó prácticas de espionaje, y Google, como único buscador dominante, se deterioró sin que nadie interveniese. La economía colaborativa, que prometía democratizar recursos, dio paso a la uberización de sectores enteros.

¿Dónde se rompió el encanto?

Para entender este auge‑caída, el autor del artículo sugiere dos lecturas esenciales: Mierdificación de Cory Doctorow y Redes vacías de César Rendueles. Doctorow, testigo del entusiasmo inicial, describe con ironía cómo se erosionaron los mecanismos de defensa que impedían que la red se convirtiera en un “gigantesco montón de mierda”. No recurre a la nostalgia; muestra que los mismos actores que antes eran visionarios ahora operan sin consecuencias visibles.

Rendueles, crítico desde sus primeros escritos, recuerda la existencia de “ilusiones ciberfetichistas” y explica por qué el actual cibercatastrofismo es tan predecible como el ciberutopismo que le precedió. Ambos autores coinciden en que la degradación no es accidental, sino el resultado de decisiones empresariales y políticas que favorecen la concentración de poder y la mercantilización de la información.

Lecciones para el futuro

El análisis concluye que, si bien es imposible volver al internet “perfecto” de los años 2000, sí es viable recuperar parte de su espíritu colaborativo mediante regulaciones que protejan datos, fomenten la competencia y promuevan la alfabetización digital crítica. Asimismo, se insta a los lectores a cuestionar el papel de las grandes tecnológicas y a buscar alternativas descentralizadas que reorienten el ecosistema digital hacia valores más equitativos.

Source: https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/internet-campo_129_13120011.html

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