Operativo policial y hallazgos
En una madrugada de febrero, la Policía Nacional irrumpió en una nave industrial del Tarajal, situada en la zona portuaria de Ceuta. Lo que parecía un simple almacén de electrodomésticos ocultó, tras la retirada de un frigorífico de gran tamaño, la entrada a una de las infraestructuras más elaboradas jamás descubiertas en el narcotráfico español.
El aparato de refrigeración estaba insonorizado y, una vez desplazado, reveló una puerta de acceso a un corredor subterráneo de unos 19 metros de profundidad. La magnitud del hallazgo sorprendió a los investigadores: un túnel con raíles, poleas, vagonetas y grúas, todo pensado para desplazar toneladas de hachís sin que los involucrados tuvieran contacto visual directo.
Estructura subterránea
El túnel se divide en tres niveles claramente diferenciados. En la primera fase, un pozo de descenso conduce a una cámara intermedia, conocida entre los agentes como la "narcodespensa", donde los paquetes de droga se agrupan y se preparan para su traslado. La salida final está orientada hacia Marruecos, permitiendo el flujo continuo del producto hacia la península y, a partir de allí, hacia el resto de Europa.
El recinto subterráneo mide aproximadamente 1,20 metros de alto por 80 centímetros de ancho, pero la longitud total permanece indeterminada debido a la acumulación de agua subterránea. Los narcos instalaron bombas de achique y sistemas de insonorización para neutralizar el sonido y el riesgo de inundaciones, demostrando una inversión tecnológica poco común en el crimen organizado.
Mandos y conexiones internacionales
Detrás del laberinto de acero y concreto operaban dos líderes. Uno, radicado en Marruecos, fue identificado como el "narcoarquitecto" y responsable de diseñar y perfeccionar la red de túneles. El otro, con base en Ceuta, gestionaba la logística, negociaba los envíos y coordinaba la distribución en territorio español.
Tras más de un año de pesquisas, la policía detuvo a ambos mandos y a 25 cómplices, 15 de los cuales fueron ingresados en prisión. La investigación reveló también la capacidad de adaptación del grupo: cuando las primeras incautaciones interfirieron su operación, cambiaron de táctica, estableciendo alianzas con organizaciones del Campo de Gibraltar que utilizaban embarcaciones de alta velocidad y con redes gallegas que introducían la droga mediante pesqueros.
Impacto y consecuencias
La operación culminó con la incautación de más de 17 toneladas de hachís, una cifra que coloca al caso entre los mayores decomisos de estupefacientes en la historia reciente de España. Además, se desarticuló una red con ramificaciones en Andalucía, Galicia y Marruecos, demostrando la dimensión transfronteriza del negocio.
El hallazgo subraya la evolución de las técnicas del narcotráfico, que ahora incorpora conocimientos de ingeniería civil y mecánica para crear infraestructuras casi invisibles. Las autoridades afirman que el desmantelamiento de este túnel enviará un mensaje claro a los grupos criminales: la vigilancia y la cooperación internacional son herramientas clave para frenar la expansión de estas estructuras clandestinas.